domingo, 5 de abril de 2026
Causa y Efecto - Lluvia de encuestas
Palabra de Mujer - Una nueva reforma constitucional.
Por: Rocío García Olmedo.
Una nueva reforma a la Constitución Mexicana ha sido enviada por la jefa del Estado al Senado de la República -como Cámara de Origen- en materia de feminicidio.
La reforma propuesta interviene el Artículo 73 constitucional que establece la facultad del Congreso para expedir leyes. En el Inciso a) de su fracción XXI se agrega el concepto de feminicidio.
Con esta inclusión -una vez aprobada- se le otorgan facultades al Congreso de la Unión para expedir lo que sería una Ley General en materia de Feminicidio que establezca -se menciona- el tipo penal y sus sanciones, permitiendo “…una adecuada articulación de acciones que garanticen desde los distintos órdenes de gobierno e instituciones el acceso a una vida libre de violencia…”
Sin duda todo esfuerzo que se encamine a reducir el número de once mujeres asesinadas todos los días en nuestro país en cifras oficiales, por supuesto que es muy importante.
Más aun cuando se incluye el feminicidio considerado como el último eslabón de una larga cadena de violencias previas que viven las mujeres mexicanas al rango constitucional.
Con la creación de lo que sería la Ley General que pretende establecer las “bases homogéneas para la tipificación, investigación, persecución, sanciones, agravantes del feminicidio, para todo el país” se habla de una homologación en las normativas de las entidades federativas, tanto de los estándares de investigación con perspectiva de género, como los protocolos, coordinación de instituciones, reparación del daño y que toda muerte violenta de mujeres sea investigada bajo la hipótesis de feminicidio y sea un delito imprescriptible.
Marcela Lagarde de los Rios concibió la genealogía de la crueldad mortífera contra las mujeres. En aquella época -2006- ella era legisladora federal y presidió la Comisión Especial investigadora del fenómeno delincuencial que se vivía en Ciudad Juárez, Chihuahua por los asesinatos de mujeres jóvenes mayoritariamente trabajadoras de las maquilas.
Ello derivó en que en cada estado de la República fue debatido el tema para ir configurando el delito en sus respectivos Códigos Penales de manera que pudiesen incorporar esta figura. Se crea también la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia con un enfoque preventivo.
Comento lo anterior, derivado de que un tema de tanta trascendencia para las mujeres y para la sociedad requerirá también de un debate nacional que escuche a todas las voces justamente porque no se trata solo de un problema jurídico.
La violencia es un fenómeno estructural que normaliza la cosificación de las mujeres, las niñas y las adolescentes; en el que casi siempre se traslada la culpa al cuerpo de las mujeres y que requiere de una debida “Diligencia Reforzada” ya que en muchas ocasiones desde el proceso de denuncia se convierte en un espacio de revictimización.
A todo lo anterior debemos agregar que la impunidad en México es de más del 90 por ciento, lo que significa que sólo uno de cada diez casos de violencias tiene respuesta; y voces expertas han señalado que entre los menos castigados está justamente el feminicidio. Contradictoriamente también cuando se dan a conocer datos oficiales los van diluyendo como están haciéndolo con las desapariciones ahora señalándoles “categorías” y al minimizarlos dejan en vulnerabilidad a las unas y a las otras, las familias de las mujeres asesinadas y las madres buscadoras.
De manera que, en el caso de los feminicidios no sólo se trata de endurecer leyes y castigos más severos como también sería en cualquier tipo y modalidad de violencia contra las mujeres; se trata de tener registros confiables, de asumirlos sin prejuicios, sin maquillar, de asignar recursos públicos y no continuar reduciéndolos y de aplicar la ley con una perspectiva de género; fundamentalmente que todo esto se refleje en la vida cotidiana.
Las violencias como bien se ha dicho se alimentan de silencios, de complicidades, de lo que se tolera diariamente. Las mujeres, las niñas, las adolescentes no se sienten seguras, por eso hay que ir al fondo del sistémico y estructural problema: el Feminicidio debe entenderse no sólo como un delito, sino como una grave violación a los derechos humanos que exige respuestas estructurales para transformar las condiciones y para no continuar perpetuando la discriminación estructural y la desigualdad.
rgolmedo51@gmail.com
@rgolmedo
Palabra de Mujer Atlixco
rociogarciaolmedo.com
El Confesionario - 2027 continúa “La Resurrección de Cristo” de Mel Gibson
Por: Ray Zubiri
Hay historias que no se agotan, que no se archivan en la memoria colectiva ni se quedan atrapadas en una pantalla. Historias que, por más que pasen los años, siguen pidiendo ser contadas desde otro ángulo, con otra luz, con otra herida. Así ocurre con La Pasión de Cristo, esa parteaguas cinematográficas que hace dos décadas sacudió conciencias, incomodó a muchos y reafirmó la fe de otros tantos.
Hoy, esa historia encuentra una nueva voz —o quizás un eco más profundo— en La Resurrección de Cristo, el ambicioso proyecto de Mel Gibson que no solo busca continuar el relato, sino adentrarse en uno de los misterios más complejos del cristianismo: lo que ocurrió después del silencio, después de la cruz, después de la muerte.
Fue en junio de 2016 cuando el escritor Randall Wallace confirmó que ya trabajaba junto a Gibson en esta secuela. Desde entonces, la expectativa no ha dejado de crecer. El propio Gibson, quien también firma el guion, ha dejado claro que no se trata de una narrativa convencional: la película explorará los tres días posteriores a la crucifixión, ese territorio poco abordado donde, según la tradición, Cristo desciende al seno de Abraham, predica y resucita a los santos del Antiguo Testamento.
Pero no se detiene ahí. El director ha adelantado que temas como la caída de los ángeles y el descenso a los infiernos serán piezas clave dentro de una estructura que se anuncia como introspectiva y no lineal, explorando incluso “otros reinos” y “dimensiones”. No es poca cosa: Gibson parece decidido a llevar al espectador no solo a una experiencia visual, sino a una reflexión espiritual que rompe con la lógica narrativa tradicional.
De acuerdo con el periodista Edward Pentin, la cinta seguirá paso a paso los acontecimientos que condujeron a la resurrección, vistos desde la mirada de los apóstoles, mientras en paralelo se desarrollan las intrigas políticas en el palacio de Herodes, hasta desembocar en el clímax del Domingo de Resurrección en Jerusalén.
En cuanto al elenco, el proyecto también marca una nueva etapa. Aunque inicialmente se habló del regreso de Jim Caviezel —quien recientemente protagonizó Sonido de libertad—, finalmente será el actor finlandés Jaakko Ohtonen quien encarne a Jesús. A sus 36 años y con participaciones en producciones como Hamsterit y Vikingos: Valhalla, este proyecto representa su primer gran protagónico internacional.
La cubana Mariela Garriga asumirá el papel de María Magdalena, en sustitución de Monica Bellucci, mientras que Kasia Smutniak dará vida a María, reemplazando a Maia Morgenstern. Completan el reparto Pier Luigi Pasino como Pedro, Riccardo Scamarcio como Poncio Pilato y Rupert Everett, grabado por trabajos como Napoleón y El príncipe feliz.
La producción corre a cargo de Lionsgate, que ha anunciado un estreno poco convencional: la película llegará en dos partes. La primera verá la luz el 26 de marzo de 2027, en pleno Viernes Santo, y la segunda el 6 de mayo del mismo año, coincidiendo con la Ascensión del Señor. Una estrategia que no solo apela al calendario litúrgico, sino que refuerza el carácter simbólico del proyecto.
Pero hablar de esta secuela obliga a mirar atrás. En 2024 se cumplieron veinte años del estreno de La Pasión de Cristo, una cinta que no solo rompió récords —más de 612 millones de dólares recaudados con un presupuesto de 30 millones—, sino que también abrió un debate profundo. Su crudeza, particularmente en las escenas de la flagelación y crucifixión, fue calificada por algunos como excesiva; por otros, como una representación honesta y necesaria del sufrimiento de Cristo.
En aquel entonces, Joaquín Navarro-Valls, portavoz del Vaticano, aseguró que el Papa Juan Pablo II había visto la película y la mostró una fiel adaptación del relato evangélico. Un respaldo que, sin duda, marcó el rumbo de su recepción entre los fieles.
Hoy, con “La Resurrección de Cristo”, Gibson no solo retoma una historia: se enfrenta al desafío de representar lo inexplicable, lo que trasciende la imagen, lo que vive más en la fe que en la razón.
Y es ahí donde esta columna —este confesionario— encuentra su sentido. Porque más allá de la espectacularidad anunciada, de los nombres, de las fechas y de la industria, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo se filma un misterio? ¿Cómo se pone en escena aquello que, para millones, no necesita prueba sino creencia?
Tal vez la respuesta no esté en la pantalla. Tal vez, como toda buena historia de fe, se completa en el silencio de quien la contempla.
La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.
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