A partir del 6 de marzo, el documental Llamarse Olimpia se exhibirá en la pantalla grande, producción que retrata la vida de la activista Olimpia Coral Melo tras una lucha colectiva y la aprobación de la Ley Olimpia en México, hace cinco años.
La historia inicio así…imagínate que un buen día sin decir ¡Agua Va! abres el internet y circula un video intimo tuyo, la gente del lugar donde vives opina a diestra y siniestra, incluso personas que ni siquiera te conocen. De la noche a la mañana te conviertes en el escarnio público, todos se sienten con la libertad de juzgar tu vida haciéndote sentir culpable de algo que nadie se supone sabia solo tu pareja y no sabes ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? ¿A quién pedir ayuda? algo malo está pasando, pero no sabes como llamarlo y mucho menos como detener una situación así.
Esto le sucedió a Olimpia Coral Melo una chavita de 18 años como tu sobrina, tu hermana, tu ahijada, tu amiga o tu hija, en Huachinango ubicado la Sierra Norte de Puebla a tan solo dos horas de la ciudad.
“El día que detonó esto fue un domingo familiar, estábamos en casa a punto de ver una película y mi familia no sabía nada de lo que estaba pasando, llegó mi hermanito de 14 años con el celular en la mano, aventó el celular en la cama y le dijo a mi mamá: ahí está ese pinche video que dicen de mi hermana, si existe, es ella, se dejó grabar y me lo están mandando”
“Entonces mi mamá me arrebató el celular y vio el video de 1 minuto con 30 segundos. La verdad ya había aguantado que lo viera el Ministerio Público, la gente, los vecinos, amigas, amigos, ya lo peor era que lo viera la familia”
“Yo esperaba que me corrieran, o me golpearan, pero no fue así, a pesar de todas las condiciones de desigualdad con las que fueron criadas mi mamá, mi abuelita y todas las mujeres de mi familia, lo primero que dijo mi mamá fue: hija ¿tú querías que este video lo vieran todos y todas? Le dije no, claro que no. Me dijo bueno mija entonces no es tu culpa. Esa fue la primera vez que yo escuche que alguien me dijo ´no es tu culpa´. En ese momento dije si la máxima autoridad en mi vida me dice que no es mi culpa, entonces que se vayan a la jodida todos los demás”
“Tú no tienes que tener vergüenza, tu no hiciste nada malo, vergüenza ellos, porque lo que tu hiciste todas las personas lo hacemos, todas y todos cog3mos hija (…) no hiciste algo que las personas no hagan, no tengas miedo, no tengas vergüenza y lucha porque tu cuerpo no es un crimen”
Así fue como inicio este peregrinar en busca de justicia fue ahí donde a este hecho que vivió se nombró a esta agresión como violencia digital, y derivó en la Ley Olimpia, conjunto de disposiciones que tipifican como delito la distribución y exhibición de imágenes sexuales no consensuadas en redes sociales y espacios virtuales.
¿QUÉ ES LA VIOLENCIA DIGITAL?
Son actos de acoso, hostigamiento, amenazas, insultos, mensajes de odio, vulneración de datos o información privada realizados mediante el uso de tecnologías. Además de la difusión de imágenes, audios o videos —reales o simulados— del contenido íntimo sexual de una persona sin su consentimiento.
¿QUÉ ES LA VIOLENCIA MEDIÁTICA?
Son actos realizados a través de cualquier medio de comunicación que promueven directa o indirectamente estereotipos sexistas, apología de la violencia contra las mujeres y las niñas, producen o permiten la difusión de discurso de odio sexista y discriminación de género o desigualdad entre mujeres y hombres.
¿QUÉ CONDUCTAS ATENTAN CONTRA LA INTIMIDAD SEXUAL?
Videograbar, audiograbar, fotografiar o elaborar videos reales o simulados de contenido sexual íntimo de una persona sin su consentimiento o mediante engaño.
Exponer, distribuir, difundir, exhibir, reproducir, transmitir, comercializar, ofertar, intercambiar y compartir imágenes, audios o videos de contenido sexual íntimo de una persona, a sabiendas de que no existe consentimiento.
Dicho esto, ya tuve el gusto de ver Llamarse Olimpia el documental que aborda esta historia, que marca el debut como directora de Indira Cato, con quien platiqué largo y tendido sobre este trabajo que aborda la historia de Olimpia Coral Melo, impulsora de la Ley Olimpia, donde gracias a este gran trabajo se reconoce la violencia sexual digital como delito en México. Este filme no solo plasma el caminar jurídico, sino que va más allá de que una ley lleve el nombre de una mujer que alguna vez quiso dejar de llamarse así.
“La conocí hace cinco años. Antes la seguía en redes, cuando ya estaba aprobada la Ley Olimpia en varios estados. Me pareció increíble su historia. En algún momento le mandé un mensaje, le conté que yo producía documentales y que me parecía importante registrar su lucha. Me contestó que sí, que le interesaba. Pero como cualquier persona que no está familiarizada con los documentales, creyó que solamente le iba a hacer una entrevista de dos horas”.
“Fue difícil explicarle el tipo de documental que queríamos hacer. Fue complicado, porque Olimpia fue violentada con una cámara, eso no hay que perderlo de vista, y por más que cambien los formatos y los contextos, sigue existiendo el temor”.
“Para nosotras era importante crear un espacio donde se sintiera segura. Para Olimpia, levantarse después de un episodio tan duro es una virtud. Olimpia reaccionó desde las leyes. Otras personas hacen lucha. Prania, personaje de la película, lucha desde el rap. Nosotras lo estamos haciendo desde el documental”.
“El feminismo fue el movimiento que acogió a Olimpia, lo que le permitió tomar fuerza y salir de su pueblo. Eso la salvó. Quiere que se expanda y que las chicas que siguen en el pueblo y crecieron en sus condiciones, se abran a lo que está pasando en otras partes del país y del mundo”.
El documental registra la marcha en Huachinango y la del #8M en Ciudad de México. “La intención era mostrar sus diferencias abismales: en Ciudad de México te sientes superacogida en esta cosa del anonimato, se crea una fuerza en conjunto donde vamos a estar bien y protegiéndonos, aunque haya gas y aunque mucha gente nos quiera hacer cosas. En Huachinango las mujeres son más vulnerables. Son poquitas, están empezando, todo el mundo las conoce. Esto no sale en la película, pero el año anterior les echaron verdura en el mercado”.
En estos contextos Olimpia desarrolla su feminismo, y han sido los espacios que la han respaldado durante la lucha y le han dado fuerzas para seguir avanzando.
“Marce es la mano derecha de Olimpia. Ella es muy buena aterrizando cosas y dándole la estructura a Olimpia y a la organización. Además, es una madre activista, el tipo de persona que carga a sus niños en la marcha. Marce era la que podía proponer los datos duros del movimiento, decirnos cómo funciona la organización, pero también conoce mucho a Olimpia, ha trabajado con ella de cerca y sabe lo que les ha costado estar donde están”.
“Y luego está Prania, que para mí era esta versión de Olimpia joven, pero remasterizada. Es de Tlaxco, Tlaxcala, un pueblo parecido a Huauchinango. Prania vivió algo parecido a lo de Olimpia, pero en otra época, ya existía el referente de Olimpia y eso lo hizo distinto. Olimpia y Prania hacen una mancuerna muy linda; Olimpia la acompaña y la cobija, y Prania se siente cobijada y acompañada”.
Personas como Prania al final se están beneficiando de la Ley Olimpia, entienden que es una herramienta que ya existe y con la que ellas también pueden contribuir.
Hay documentales que informan. Hay otros que conmueven. Y hay algunos, muy pocos, que incomodan, sacuden y obligan a mirar de frente una realidad que durante años preferimos ignorar. “Llamarse Olimpia” pertenece a esta última categoría.
El documental, llega a las salas de cine no sólo como una propuesta cinematográfica, sino como un acto de memoria y resistencia.
No hay esfuerzos mínimos porque lo que comenzó como una agresión digital se convirtió en un movimiento nacional. Porque en un país donde durante años se culpó a las víctimas y se minimizó la violencia en línea, Olimpia levantó la voz. Y no fue una voz aislada. Fue el inicio de una red de mujeres que exigieron justicia a nivel local, luego nacional y ahora a nivel internacional. Lo que antes era “un escándalo” o “un chisme viral”, hoy es un delito tipificado en México.
“Llamarse Olimpia” no es sólo el retrato de una activista. Es el espejo de una generación que vive en redes sociales, donde la intimidad puede convertirse en arma y donde la dignidad puede ser expuesta con un clic. El documental mezcla testimonios, dramatización y la propia voz de Olimpia, construyendo una narrativa que duele, pero también inspira.
Este filme, producido por Chumbera Producciones, se estrenó el pasado 11 de junio de 2025 en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) donde obtuvo el Premio Mezcal a Mejor Película, además fue selección oficial de Ópera prima en DocsMX: Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México 2025 y Premio Ojo a Mejor Documental Mexicano en el 23º FICM Festival Internacional de Cine de Morelia.
Y aquí es donde el cine cumple su función más poderosa: recordarnos que detrás de cada estadística hay un rostro, una familia, una vida que cambia para siempre. No hablamos de pantallas; hablamos de personas.
En tiempos donde la violencia digital sigue creciendo, esta película no llega tarde. Llega urgente. Nos invita a preguntarnos: ¿qué compartimos?, ¿qué consumimos?, ¿qué normalizamos?
Como comunicador, como periodista como ciudadano y papa de tres niñas, creo que este documental abre una conversación necesaria. Porque la libertad digital no puede existir sin responsabilidad. Porque el respeto no debería ser opcional. Y porque ninguna mujer debería tener que convertir su dolor en ley para que el Estado la escuche.
“Llamarse Olimpia” no es sólo un título. Es un acto de identidad. Es asumir el nombre propio, la historia propia, y transformarla en cambio colectivo.
El cine, cuando es valiente, no sólo cuenta historias. Cambia realidades.
“El internet ya es parte de nuestras vidas absolutamente. Tenemos como un alter ego ahí, como otra personalidad cuando estamos en redes”. Para Cato, la reflexión es urgente: “Cuestionarnos qué compartimos, dónde lo compartimos, qué consumimos. Y acordarnos que detrás de cada publicación hay una persona real. La acción es virtual pero el daño muchas veces es real”.
“El documental independiente mexicano es difícil de hacer y aún más difícil de exhibir. Nos ayuda muchísimo que vayan, que si les gusta la recomienden. Es una película que intentamos hacer para la gente, para que la disfrute, para que acompañe esta lucha y para que nos cuestionemos cómo habitar las redes”
Y esta es una de ellas.
La “Ley Olimpia” contempla sanciones de tres a seis años de prisión para quienes realicen estas acciones y multas que van de 500 a 1,000 Unidades de Medida y Actualización (UMA). En 2026 la UMA tiene un valor diario de 117.31 pesos mexicanos según El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
De acuerdo con la ONU, el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido violencia digital; por ello, el documental Llamarse Olimpia evidencia que la lucha de Olimpia Coral Melo trascendió las fronteras mexicanas y abrió la discusión legislativa en países como Argentina, Ecuador, Panamá, Uruguay, República Dominicana, Bolivia, Colombia, Guatemala y Honduras.
Para la realización del documental, Chumbera Producciones contó con el apoyo de FOCINE, EFICINE, Estudios Churubusco, Chicken and Egg Films y Caffeine, consolidando un proyecto cinematográfico que combina memoria, denuncia y transformación social.
La Ley Olimpia es la primera ley contra la violencia digital en América Latina, la cual fue aprobada en México el 29 de abril de 2021, lo que significó un parteaguas en la lucha por los derechos de las mujeres.
En Puebla aun no hay fecha de estreno.
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