lunes, 12 de enero de 2026

Es de bien nacido ser agradecido



Además de ser de bien nacidos, ser agradecidos sería de gran ayuda para el bien común.

Por: Horacio Cano

Intentaré alejarme de los lugares comunes y de los falsos sentimentalismos. Ser agradecidos, además de demostrar educación —de esa que solo se aprende en casa—, cambia radicalmente la forma de ver las cosas. Si llevamos nuestra vida a la luz del agradecimiento, seguramente nuestra actitud cambiará. Lo contrario es el pesimismo y el victimismo, que casi siempre terminan en lo mismo: echarle la culpa a los otros de nuestras “desgracias”.


El agradecimiento trae consigo, de manera natural, una actitud positiva y constructiva, y con ello mayores posibilidades de llevar a buen puerto los proyectos. Está íntimamente ligado con la esperanza, aquella de la que ya hemos escrito: una esperanza sostenida en razones. Y uno de sus pilares, sin duda, es aprender a vivir agradecidos.


Es así como, al agradecer, tomamos conciencia de las cosas buenas que nos pasan. Vivir dando gracias trae buenos frutos. Si quieren explorar más sobre este tema, les recomiendo leer o ver algún video de la doctora Marian Rojas Estapé. En casa intentamos seguir algunos de sus consejos.


Pero llevemos esto a la política, que es lo que nos gusta. ¿Cómo ayuda la postura del agradecimiento a una comunidad? Quizá debamos verlo desde diferentes perspectivas.


Como ciudadanos, el agradecimiento nos permite valorar lo que se hace bien y, desde ahí, fundar mejor la crítica hacia las acciones de la autoridad. Una democracia deliberativa que parte de esta postura vuelve mucho más valiosas las observaciones que se hacen sobre la gestión pública. Cuando la crítica no toma en cuenta lo bueno, se corre el riesgo de caer en una actitud meramente destructiva.


La oposición en México, en Puebla y en Texmelucan ha caído muchas veces en ese absurdo: criticar por criticar, observar exclusivamente lo malo. Hay acciones positivas que podrían potenciarse, analizarse y convertirse en propuestas. Pero eso exige algo que hoy escasea: seriedad. Muchos actores que ya están echando sus fichas rumbo a 2027 carecen de ella.


Hay quienes nunca han tenido una responsabilidad en la administración pública y, desde una profunda ignorancia de causa, critican sin entender procesos básicos, como los mecanismos de adjudicación de un contrato. Están también quienes ya tuvieron responsabilidades y, aun así, ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y no faltan los que tiran la piedra y esconden la mano, los lobos vestidos de cordero. A ellos, la ciudadanía —y también la clase política— debería mantenerlos a distancia, sin importar el cargo que hoy ocupen.


Desde la autoridad también se debe ser agradecido. Es una forma de evitar la soberbia de quien cree que todo lo puede. Es un cable a tierra. Implica tomar en cuenta a los otros, escuchar, reconocer que las decisiones son falibles y, sobre todo, entender lo efímero que son los cargos públicos. No se trata de una falsa humildad, sino de un ejercicio de honestidad: saber que no somos autosuficientes y agradecer la enorme oportunidad que representa servir desde un puesto de responsabilidad.


Hasta entonces.


Apunte al aire


Ser agradecido implica saber observar lo bueno. Y, en mi opinión, ese debería ser el ideal de cualquier gestión pública. Creo que una buena administración municipal puede resumirse en tres puntos:


El primero: usar eficientemente los recursos, priorizando las necesidades, con la finalidad de que, con lo que hay, se beneficie a más personas. Eficiencia significa hacerlo conforme a la ley, con procedimientos claros y sin encarecer las obras o los servicios.


El segundo: contacto permanente con la gente. Escuchar y resolver. Muchas veces no se requieren grandes recursos presupuestales para hacerlo; a veces basta con creatividad y, sobre todo, con voluntad para solucionar los problemas cotidianos de la ciudadanía.


El tercero: mayor recaudación. Ser más eficientes en lograr que los ciudadanos paguen los impuestos y derechos establecidos en la ley, lo que naturalmente implica combatir la corrupción. Pero no debe quedarse ahí. El ayuntamiento es el primer gestor del municipio y, mientras más recursos se consigan de instancias públicas o privadas, estaremos hablando de un mejor gobierno.


Estos tres puntos forman un círculo virtuoso: si se usan bien los recursos, se atiende a la ciudadanía y se es eficiente en la obtención de más fondos, se puede tener mayor presupuesto. El pueblo confía porque se le resuelve, y cuando hay confianza, hay disposición para cumplir con las contribuciones. Si además existe una gestión exitosa para atraer inversión, los resultados crecen exponencialmente.

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