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lunes, 28 de abril de 2025

Bergoglio y el buen ateo

 



Por: Sergio Ruiz Arias 

La Iglesia Católica Apostólica y Romana es la institución política más eficiente de todos los tiempos. Durante más de dos mil años su influencia se ha hecho presente en guerras, cruzadas, revoluciones y procesos de evangelización de mano de las potencias coloniales, legitimando con ello su dominio e influencia política.

Con el paso de los años también se a convertido en una institución caduca, corrupta y decadente. Acusaciones hacia el Vaticano de corrupción, lavado de dinero y abuso de menores han contribuido a cuestionar su misión histórica que es preservar la fe y guiar a sus fieles hacia la salvación.

Se dice que la Iglesia Católica es «la Iglesia de Pedro» porque, Jesús nombró a Simón Pedro como el líder de su comunidad de seguidores y le confió un papel fundamental en la fundación de la Iglesia. Esta idea tiene base en los evangelios: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y el poder del infierno no la vencerá. Te daré las llaves del Reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.”

Más allá de las oraciones y de las creencias personales, resulta innegable su influencia, sea uno creyente, ateo, agnóstico, teísta o deísta la iglesia católica se ha hecho presente para bien o para mal. Ahí tenemos a la escolástica como corriente filosófica y racional cuyo objetivo principal era reconciliar la fe cristiana con la razón, a través de la filosofía aristotélica, Pensadores como Santo Tomás de Aquino, San Anselmo o Guillermo de Ockham contribuyeron en el desarrollo de la ciencia, el derecho y la educación.

En el caso de nuestro país mayoritariamente católico, resulta innegable la serie de encuentros y desencuentros con la jerarquía católica. Desde la época colonial con el Cura Hidalgo levantando un pendón de la Virgen de Guadalupe con la que se inicia la lucha por nuestra independencia, la ex comunión de los principales héroes de la patria; pasando por la guerra de reforma con un clero servil y rapaz a los intereses de la reacción, hasta llegar a la separación del Estado y las iglesias como base del Estado laico. Tampoco se puede pasar por alto el trabajo de sacerdotes jesuitas en las comunidades indígenas de nuestro país como una de las fuerzas más activas en llevar esta teología a la práctica, especialmente en zonas rurales, indígenas y marginadas que dieron sustento al alzamiento zapatista en enero de 1994.

De esta última corriente surgió Jorge Mario Bergoglio el Papa Francisco. Proveniente de la Compañía de Jesús (fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola), es una orden religiosa católica con vocación intelectual, educativa, misionera y social. Se caracterizan por su formación rigurosa, trabajo con los pobres y defensores de la justicia social. Siendo el primer papa latinoamericano y jesuita desde el primer día de su pontificado en 2013 causó reacciones de propios y extraños promoviendo una iglesia con mayor apertura en temas como el divorcio, el papel de las mujeres, la diversidad sexual, la pederastia y una critica constante al modelo económico.

Lamentablemente ha muerto el Papa Francisco. Pero su aportación para intentar cambiar las estructuras más añejas y anquilosadas de la iglesia católica quedan pendientes para los próximos pontificados.

También no deja dos de sus encíclicas. Laudato si de 2015, que es una de las más influyentes de su pontificado y de toda la historia reciente de la Iglesia, es una visión sobre el cuidado al medio ambiente que reconoce la gravedad de la crisis ecológica y su impacto sobre los más pobres; y Fratelli Tutti de 2020, como una contundente crítica al egoísmo, el odio, el racismo, las guerras, la indiferencia y el individualismo.

En lo personal me quedo con su frase es mejor ser un buen ateo que un mal cristiano, ya que es importante reconocer el valor cultural, moral e intelectual del catolicismo, sin necesidad de creer en Dios. El filósofo español Gustavo Bueno defiende esta posición en la que uno puede ser ateo, pero reconocer que el catolicismo ha sido una de las formas más racionales y complejas de organizar la sociedad y el pensamiento, dos mil años de praxis política le respaldan.

A photo of the late Pope Francis is displayed at the Cathedral before morning Mass, following the Vatican’s announcement of his death in Buenos Aires, Argentina, Monday, April 21, 2025. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

jueves, 3 de abril de 2025

Conoce a tu Juez

 

Por: Sergio Ruiz Arias 

El pasado 30 de marzo iniciaron las campañas para proceso electoral del Poder Judicial. El 1º de junio habremos de elegir a 9 ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), 2 Magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral, 15 magistraturas de las Salas Regionales del Tribunal Electoral, 5 magistrados al Tribunal de Disciplina Judicial; 464 magistrados de circuito y 386 jueces de distrito. Adicionalmente en 19 entidades federativas también se elegirán jueces locales.

Se trata de un proceso inédito y complejo en la vida institucional de nuestro país. Por primera vez en nuestra vida democrática elegiremos con nuestro voto a quienes serán los juzgadores, de tal manera que tanto ciudadanos como aspirantes tenemos la responsabilidad de lograr un proceso electoral confiable sin cortapisas ni contratiempos a pesar de sus detractores. Como ciudadanos tenemos la responsabilidad no solo de emitir nuestro voto sino conocer el perfil de cada aspirante y poder contrastar las diversas opciones al presentarnos sus propuestas y la visión que tienen del derecho.

Uno de los pendientes en nuestro sistema democrático es que muchas de las veces no conocemos a nuestros representantes populares. Muchas veces se vota por un partido político sin tomar en consideración los perfiles de los candidatos, así desconocemos quiénes son nuestros diputados, senadores, alcaldes o regidores. Este proceso será distinto toda vez que no participan los partidos políticos, por el contrario, estas campañas se centrarán en el perfil de las personas y sus trayectorias profesionales y no en un emblema partidista.

Debemos recordar que el derecho no es una disciplina uniforme, sino que existen diferentes doctrinas, visiones y enfoques en la formación profesional de cada abogado. Hay visiones iusnaturalistas que consideran que existe un derecho natural universal e inexorable que derivan de una razón divina o por el contrario, aquellas iuspositivistas que consideran que el derecho es un sistema normativo creado por el Estado para que funcione responsablemente, finalmente y como señala Luis Carlos Martín Jiménez todo Estado por el hecho de serlo es Estado de Derecho que requiere de jueces para que los conflictos se tramiten y resuelven dentro del mismo Estado.

No es un asunto menor, en este proceso y con nuestro voto vamos a otorgar un “poder mortífero”. El jurista Piero Calamandrei en su obra El Elogio de los Jueces, decía que: los jueces tienen un «poder mortífero» porque sus decisiones pueden afectar profundamente la vida de las personas, incluso más que las de otros poderes del Estado; que, a diferencia de los legisladores o el gobierno, cuyas decisiones pueden cambiarse con el tiempo, una sentencia judicial es definitiva y debe cumplirse. Puede significar la pérdida de libertad, la ruina económica o incluso la vida en algunos sistemas judiciales que aún mantienen la pena de muerte como mecanismo de control social.

De ahí la importancia de conocer a quienes les tocará ejercer una función técnica, profesional, racional y cognoscitiva al resolver con sus sentencias los casos reales que se les van a presentar como querellas judiciales o en una infinidad de conflictos particulares o sociales. 

Demostremos como ciudadanos que sabemos estar a la altura de este reto que significa una importante aportación de nuestro derecho constitucional al mundo.

viernes, 21 de marzo de 2025

El debate de la tauromaquia



Por: Sergio Ruiz Arias 

En días pasados el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma que prohíbe las corridas de toros con violencia (sic).

Se trata de una reforma que prevé restringir todo tipo de objetos punzo cortantes que causen daño a los toros limitando el espectáculo taurino a evitar cualquier tipo de derramamiento de sangre, la muerte del toro y el riesgo del torero.

Se trata de una reforma histórica por tratarse de una iniciativa ciudadana en ser analizada, discutida y votada por el pleno del Congreso capitalino, sin embargo (y al igual que el tema del aborto), por lo polarizado de las visiones entre los aficionados a los toros y los animalistas, no puede resolverse únicamente de manera jurídica.

No es un tema fácil de resolver, hay visiones en contra que señalan que es un espectáculo cruel propio de gente perturbada y equipara las corridas de toros a una especie de tortura y maltrato animal innecesario, otros argumentan que la tauromaquia perpetúa una cultura de violencia y brutalidad. Otras a favor, consideran que se trata de una industria que genera empleo a miles de personas y genera adicionalmente trabajos en sectores como el turismo y la hotelería, otras más consideran que la crianza de los toros de lidia permite la preservación de ecosistemas donde pastan estos animales y que sin las corridas, estas razas podrían desaparecer.

Antonini de Jiménez, uno de los más importantes defensores de la tauromaquia y de los que mejor han argumentado a su favor, señala que: las corridas son moralmente buenas porque enaltecen tres valores que son indispensables para el desarrollo de las personas: la valentía, la lealtad y la entrega. Son las columnas de la libertad, y un hombre que quiere ser libre tiene que vivir en base a esos tres valores. Para él las corridas de toros deben interpretarse como un ritual de sacrificio de origen ancestral que simboliza el orden cósmico y la lucha entre la vida y la muerte, de tal manera que la muerte del toro no es solo un acto de violencia, sino una representación ritualizada que canaliza tensiones sociales y emocionales de la comunidad, el torero asume el rol de sacerdote-guerrero, que debe dominar la fuerza bruta del toro para restaurar el equilibrio, sin embargo, la modernidad ha desencantado estos rituales, transformándolos en espectáculos comerciales vacíos de su antigua carga simbólica, desvirtuando su sentido originario, lo que ha permitido un espacio para críticas éticas y animalistas, que ven en las corridas un acto de crueldad más que un rito cultural.

Por otra parte, Michel Onfray considera que las corridas de toros son un espectáculo de la muerte que se disfraza de un supuesto teatro solar de religiosidad, erotismo y arte. Para él el placer que obtienen los espectadores de una corrida de toros es incompatible con una ética basada en la búsqueda del placer sin sufrimiento ajeno, de ahí su critica a toda justificación del uso de animales como entretenimiento para los humanos. La tauromaquia es una manifestación del dominio humano sobre otras especies, algo que considera moralmente inaceptable ya que se trata de una práctica bárbara donde el sufrimiento y la muerte del toro se convierten en espectáculo, de tal manera que esta forma de violencia ritualizada no tiene cabida en una sociedad que aspira a valores éticos y de respeto hacia los seres vivos.

Como podemos advertir no es un tema fácil de conciliar. 

En estos casos debe prevalecer la responsabilidad de tomar una decisión política, -no a medias-, a pesar de las consecuencias económicas, políticas, medioambientales o sociales; por ejemplo, en 2010 el parlamento de Cataluña con una visión separatista -no nacionalista- y desvinculante a todo lo que sea español, prohibió las corridas toros.

Toda decisión política es el resultado de factores complejos, sin embargo, para ser congruente con la reciente reforma a la Constitución que reformó el artículo 4º que dispone la prohibición del maltrato animal y la obligación del Estado a garantizar su protección, trato adecuado, conservación y cuidado, la decisión debió ser prohibicionista. 

De cualquier manera, no puede haber tauromaquia sin violencia y sin la eventual presencia de la muerte más para el toro que para el torero.

martes, 11 de febrero de 2025

La dopamina consumista




Por: Sergio Ruiz Arias

 En la mitología, Cupido es representado por un niño desnudo y alado. Inocente y poderoso a la vez, armado de arco y flechas capaces de atravesar de manera impredecible e inocente cualquier corazón, es una de las alegorías más icónicas y representativas del amor, la atracción y el deseo, su figura ha influenciado la manera en que percibimos el romance y la pasión en nuestras culturas. A lo largo de la mitología, el amor es un tema recurrente y se asocia tanto con dioses como con mortales.

El día de San Valentín tiene diversos orígenes, es una mezcla de leyendas, costumbres antiguas y tradiciones que han sido adaptadas a lo largo de los siglos. Desde la historia del sacerdote que desafió al emperador para permitir un matrimonio, hasta las influencias medievales del amor cortés, San Valentín ha sido asociado con el amor romántico y el deseo de expresar afecto de manera pública.

Por su parte el amor platónico, tal y como lo describió Platón en sus Diálogos, es un amor que trasciende el deseo físico y se dirige hacia lo más elevado: el amor por la belleza, la sabiduría y la verdad. A través de este amor, los individuos buscan alcanzar un nivel superior de conocimiento y comprensión, con el objetivo de alcanzar la perfección espiritual. En la filosofía platónica, el amor no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar la verdadera belleza y la sabiduría divina.

Sin embargo, no todos los filósofos han opinado lo mismo, para Nietzsche el amor “es el estado mental en el que se ven las cosas justo como no son”, es decir, un estado de aletargamiento, no obstante, él entendía bien de las pasiones al señalar que: 

“El hombre ama dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el más peligroso de los juegos”.

Para Schopenhauer, el amor nada tiene que ver con algo elevado, romántico o espiritual, sino que es un instrumento de la voluntad de la naturaleza que engaña a los individuos, un impulso ciego que no toma en cuenta ni la razón ni el bienestar de las personas, sino que está dirigido únicamente a la perpetuación de la especie. De ahí que: “un enamorado lo mismo puede llegar a ser cómico qué trágico”.

Para el cristianismo, en cambio, el amor representa una virtud suprema. En su Carta a los Corintios San Pablo señala que: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia, no es vanidoso, no es arrogante, ni egoísta, no se irrita, no guarda rencor. El amor no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

La ciencia por su parte, en lugar de verlo como algo romántico o espiritual, explora el amor como un fenómeno biológico, psicológico y social con explicaciones más objetivas desde diversas perspectivas. Desde un punto de vista biológico, se entiende como una serie de respuestas químicas y hormonales que tienen un propósito evolutivo: la reproducción y la supervivencia de la especie a través de la Dopamina, un neurotransmisor relacionado con las sensaciones de placer y recompensa. Cuando alguien se enamora, el cerebro libera dopamina, lo que genera sensaciones de felicidad, excitabilidad y compromiso.

Independientemente de la visión que cada uno tenga del amor, lo lamentable en estos tiempos de la sociedad de consumo, es ver cómo se ha comercializado y mercantilizado, lo que significa que las relaciones amorosas, el deseo y la atracción se han convertido en productos o servicios que pueden ser comprados, vendidos y consumidos. Esta mercantilización se refleja en el marketing, las clínicas de belleza, la cirugía plástica, la moda, el maquillaje, la música, el cine, las redes sociales, la industria del entretenimiento, plataformas en línea como Onlyfans o Tinder que llevan a los sentimientos a ser un producto de consumo rápido, más allá de lo que significa amar y ser amado o el amor principal: el amor propio.

En tanto, disfruten su 14 de febrero.

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