martes, 19 de mayo de 2026

Entropía - San Felipe Teotlalcingo y la política del abandono



Por: Alexis Manuel Da Costa

Últimamente he escuchado mucho sobre San Felipe Teotlalcingo. Lo malo es que han sido solo quejas o malos comentarios. Y creo que vale la pena detenernos un segundo para reflexionar sobre lo que verdaderamente pasa ahí.

Porque esto no es solo un asunto de baches o de números. Es algo más pesado que cala en el ánimo de la gente. Cuando recorres el municipio, se siente de inmediato un clima inconfundible: el abandono. Y lo verdaderamente grave no es solo que las calles se queden a oscuras o que la inseguridad ya sea el pan de cada día; lo preocupante es cuando la comunidad empieza a acostumbrarse. Es esa epidemia de la que ya hemos hablado, donde la gente se resigna, asume que no hay de otra y acepta que el descuido es parte del paisaje.

Pero la realidad no se detiene a esperar a los malos gobiernos. Mientras el municipio se queda en pausa, la vida sigue afuera. La inversión no desaparece, simplemente se va a los municipios de junto. Y con ella, se marcha lo más valioso: la gente. Los jóvenes, los comerciantes, los que tienen ganas de emprender, tienen que empacar sus proyectos y llevárselos a otro lado porque sienten que en Teotlalcingo prosperar es una misión imposible.

Y aquí no hay espacio para las excusas ni para echarle la culpa al destino. Esto tiene un responsable directo, con nombre, apellido y oficina en el palacio municipal: Néstor Cortés.

A este alcalde la ciudadanía le dio el voto para la reelección. En una situación ideal, ese gesto tendría que ser una deuda de honor, la oportunidad para salir por la puerta grande. Pero no. Él pareció entenderlo al revés: como una licencia para dejar de esforzarse. Estos tres años se han vivido bajo la lógica del peor cinismo político: el famoso "año de Hidalgo", donde la prioridad ya no es el pueblo, sino el beneficio personal.

El cálculo del alcalde es frío y puramente matemático. Sabe perfectamente que el próximo año se le acaba el tiempo. Sabe también que no construyó nada, que no deja escuela y que no tiene ni un solo "gallo" que le asegure mantener el control del municipio.

¿Qué le queda entonces? Pues planear la retirada. Diseñar la mudanza a otro sitio para disfrutar, lejos de los reclamos, de la delincuencia y del polvo de las calles que olvidó, las ganancias que le dejó su gestión. Es el clásico guion de servirse del cargo, asegurar el futuro propio y apagar la luz al salir.

Suele decirse que en la política nada es seguro, y es verdad. Sin embargo, pocas veces un escenario es tan probable como el arribo de Morena al poder el próximo año en Teotlalcingo.

Y esto no va a ocurrir por una revelación divina de los votantes ni por una campaña maravillosa de la oposición. Sucederá por una ley elemental de la física política.

Hay ocasiones en que la mejor campaña para un partido no está en sus propuestas, ni en sus discursos, ni en sus espectaculares. La mejor estrategia es, simplemente, el pésimo trabajo de quien hoy ocupa la silla. El alcalde actual les está haciendo la chamba.

El problema de fondo es que, mientras las boletas llegan y los políticos se acomodan para el próximo juego de poder, hay un municipio entero que sigue perdiendo lo único que no regresa: el tiempo. Ya sé que me reclamarán por hablar del presidente municipal directamente y ponerle nombre al desastre, pero en el caso de Teotlalcingo, era justo y necesario. Alguien tiene que recordar que el tiempo perdido en la vida pública no se recupera, y que ese, por más que se intente, nadie se lo va a poder empacar para llevárselo en la maleta de la mudanza.

Nos vemos la próxima semana con un nuevo municipio al que tengo en la mira.

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