En los tiempos que corren, el ambiente está saturado de opinión y de candidatos
Por: Horacio Cano
¿Se dan cuenta de cómo abundan los programas de opinión? Incluso muchos noticieros, locales y nacionales, tienen sus mesas de análisis, donde invitan a veces a periodistas, otras a políticos y otras más a empresarios.
No es queja, para nada. Soy fan de los noticieros y de sus secciones de opinión; vaya, cada semana participo en un espacio donde doy la mía.
Siempre he sido asiduo a escuchar los análisis de otros. Quizá era el único niño raro que desde los 10 años esperaba cada semana para ver Zona Abierta o llegaba de la escuela para alcanzar la mitad de Los Protagonistas por la tarde.
Me resulta muy entretenido. Seguro no soy el único, porque estos programas de debate hoy abundan.
Y luego estamos los que decimos que escribimos y disque esgrimimos argumentos… o eso intentamos. Nos leemos entre nosotros mismos y uno que otro funcionario público que tiene su monitoreo de medios, donde además de las notas relevantes para su función le aparecen las columnas más destacadas de cada periódico. Hoy, la gran mayoría ya son digitales.
A veces toca leer tremendas odas a algún funcionario público en funciones; otras veces, chismes con tanto detalle que parecen novelas; y otras, verdaderas piezas de arte periodístico.
Siempre podemos mandarle mensaje al autor diciéndole: “Qué buena columna”, o alguna de esas cosas que solemos decir. Quizá para que cuando nosotros escribamos nos digan lo mismo. De nuevo, no es queja. De ninguna manera. Es parte del show.
¿A qué voy con toda esta paja de lugares comunes y palabras que intentan interesar a los cada vez menos lectores de estos espacios de opinión? Porque ahora las videocolumnas o los TikToks de menos de 30 segundos dicen que amenazan con desaparecerlos. Baaah! Eso mismo dijeron de la radio allá por el 2000: que iba a desaparecer. Y aquí estamos hoy, con señales multiplataforma que siguen generándose desde… una cabina de radio.
En fin…
¿Por qué nos gusta escuchar análisis y opiniones ajenas? Intentaré contestar esa pregunta con tres opciones:
1. Porque en estas mesas siempre hay polémica. Generalmente existen dos o tres posturas planteadas por los analistas en turno. La naturaleza humana nos hace simpatizar con una y defenderla como propia.
A veces esto se utiliza para generar opinión pública a favor o en contra de ciertos temas. Y cuando esos temas trascienden a las sobremesas, ahí es cuando una mesa de debate realmente es exitosa.
2. Porque en esas mesas siempre hay personajes con los que simpatizamos, pero también algunos que no soportamos.
Pondré un ejemplo: David Faitelson. No hay forma de que su opinión te dé igual. Te puede caer bien o mal, pero jamás pasa desapercibido. Es impresionante lo que genera cualquier cosa que dice.
Así pasa en Texmelucan con mis amigos Laura Roldán y Luis Emilio. La gente puede no quererlos, pero sin duda son referentes.
3. Porque por naturaleza humana somos curiosos ¿Qué dirá tal personaje sobre esto? Aunque no nos caiga bien, aunque pensemos distinto, ahí estamos.
Los fans de la 4T viendo qué dice Carlos Loret de Mola del gobierno; los conservadores leyendo cómo Viri Ríos lo defiende, aunque últimamente ha estado sorprendentemente crítica con el régimen…
Lo importante de leer o escuchar estos espacios —ya sean deportivos o políticos— es fomentar el pensamiento crítico. No quedarnos con la opinión del otro, sino construir la nuestra a partir de los argumentos expuestos. Y vaya que nos va a hacer falta ese pensamiento crítico hoy, porque las mesas de opinión muchas veces no se debaten ideas; ahora se debaten candidatos.
Apunte al aire
En estos tiempos tan apasionantes, llenos de pre-precandidatos —tantos que terminan saturándose entre ellos mismos— sigo viendo que los grandes beneficiados son quienes buscan la reelección.
Su mensaje es claro: ocupan una posición y la ciudadanía ya los tiene identificados en ella. Ya los conocen, pues.
Y aquí aparece el famoso refrán: más vale malo por conocido que bueno por conocer.
El ruido blanco que generan muchos contendientes termina por dormir a los ciudadanos. Tantos análisis sin alma no crean opinión pública; solo saturan el ambiente. Al final, entre tanta simulación de propuestas y candidatos de TikTok, el ciudadano voltea a ver lo que ya conoce. La oposición se diluye en su propio ruido y le termina haciendo la campaña a los de siempre. En estos tiempos de inmediatez, tome sus precauciones: no grite, no empuje, guarde la calma… y no hable con juguetes extraños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario