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martes, 25 de febrero de 2025

Apuntes sobre el Manifiesto del Partido Comunista



Por: 
Gerardo Pérez Muñoz

 A la memoria del camarada Jesús Sandoval Ramírez. Un abrazo solidario a su familia. 

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Pablo Neruda, poema número XX. 

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. El pasado 21 de febrero se cumplió el 177 aniversario de uno de los textos más icónicos de las izquierdas que ha tenido una amplia repercusión y difusión a nivel mundial: el Manifiesto del Partido Comunista (Manifest der Kommunistischen Partei) publicado el 21 de febrero de 1848, popularmente conocido como el Manifiesto Comunista. El escrito fue un encargo de la Liga de los Comunistas y se publicó inicialmente en Londres  Puede leerse como programa y declaración de principios del movimiento comunista internacional. El texto fue escrito a cuatro manos por Carlos Marx y Federico Engels. El manifiesto ha sido traducido a un poco más de 200 idiomas. En el 2013, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) incluyó al Manifiesto Comunista y el primer tomo del Capital en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO

 

Hasta hoy día, no conozco a ninguno de nuestros “intelectuales” tanto de la aldea poblana como a nivel nacional que se hayan referido a este acontecimiento. Muy probablemente ambos textos les parezcan insignificantes, intrascendentes y sin valor literario alguno. El manifiesto fue proscrito por ley a finales de 1852 en Colonia, Alemania. Para 1871 ya se habían hecho al menos tres traducciones en América, nos dice Engels en el prólogo al manifiesto. Considero que el manifiesto lo debemos leer partiendo del contexto social, político, económico y cultural en el que fue escrito y releerlo con los ojos de hoy, donde prima el tecnocapitalismo salvaje y vivimos en sociedades cada vez más complejas. Sistema capitalista que por la gran ambición de unos cuantos grandes empresarios nos está orillando a una grave crisis ambiental y a la extinción de la especie humana. Un mundo en donde el 1 por ciento más rico de la población posee más riqueza que el 95% de la población mundial (Oxfam Internacional) y en donde más de 1,100 millones de personas en el mundo viven en pobreza extrema y más de la mitad de ellas son niños (ONU.) En México no cantamos mal las rancheras, 75% de compatriotas que nacen pobres, moriran o moriremos pobres, Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY.), mientras la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, ha sido viento en popa en el gobierno de la 4T. 

 

En gran parte de los países llamados subdesarrollados (colonizados) se da una doble sobrexplotación: al trabajo y a la naturaleza. Un mundo en el cual tenemos una hiperconcentración de territorios, bienes comunes y riqueza en unas cuantas manos y en el otro extremo, miseria, pobreza, hambre y trabajos mal pagados. Es el retrato del capitalismo globalizado y salvaje. 

 

En el manifiesto Marx y Engels afirmaron premonitoriamente lo siguiente: Impulsada por la necesidad de mercados siempre nuevos, la burguesía invade el mundo entero. Necesita penetrar por todas partes, establecerse en todos los sitios, crear por doquier medios de comunicación. La gran industria ha creado el mercado universal, preparado por el descubrimiento de América. Lo cual significa que la conquista de América posibilitó la globalización del emergente capitalismo en el siglo XVI. Como vemos, la globalización capitalista no es un fenómeno nuevo o reciente. Este capitalismo rapaz surgió del proceso de acumulación originaria o primitiva del capital rapaz y su burguesía (que) ha sometido el campo a la ciudad (y) ha creado urbes inmensas. Hay que ver este paso como un proceso entre el feudalismo al modo de producción capitalista propiamente dicho.

 

El manifiesto señala que La historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de las luchas de clases. Lucha entre las clases explotadas y las clases explotadoras, entre las clases dominadas y las clases dominantes. En este sistema social capitalista, el obrero (trabajador, manual o intelectual) se ve obligado a vender su única mercancía, su fuerza de trabajo…en donde la burguesía ha hecho de la dignidad de la persona un simple valor de cambio. (Marx, Engels dixit)

 Tal parece que desde 1989, primero con la caída de Muro de Berlín, después con la irrupción en la escena mundial en 1989 del Consenso de Washington con su decálogo privatizador y en 1991 con la disolución de la URSS y del campo socialista, la izquierda o las izquierdas quedaron huérfanas ideológica y políticamente; mudas y no pocas de ellas han transitado al lenguaje políticamente correcto y al social civilismo sacando de su vocabulario palabras clave del marxismo como burguesía, clases sociales, lucha de clases, oprimidos y opresores, explotados y explotadores, proletariado, plusvalía entre otras, como si con ello exorcizaran y por arte de magia desaparecieran las clases sociales, la opresión y explotación; la burguesía, el proletariado y la lucha entre capital y trabajo. Era el aparente triunfo de la tesis del filósofo norteamericano Francis Fukuyama y su Fin de la historia y el fin de la ideología. Con ello nos quería decir que con la caída del bloque de países socialistas, no habría más conflictos ideológicos y que el capitalismo con su democracia liberal habían triunfado, pero también triunfaba una nueva ideología y un nuevo ethos social e individual.

 

Como sabemos, a raíz del triunfo de López Obrador en el 2018, la historia de nuestro país se empezó a ver como si esta fuera solamente una lucha entre conservadores y liberales, visión muy propia del siglo XIX que deja fuera la lucha entre clases las sociales que se han disputado la hegemonía de la nación y la conducción del estado en el mundo. Marx y Engels escribieron en el Manifiesto: El gobierno moderno no es sino un Comité Administrativo de los negocios de la clase burguesa. En el capítulo I del Manifiesto escribieron: El estado moderno no es más que una junta que administra los intereses burgueses. Desafortunadamente hoy es común entre las izquierdas marxistas/progresistas/autonómicas y autogestivas/anarco-socialista, nacional-popular, izquierdas indigenistas o dogmáticas y con espíritu de secta, que esta caracterización de clase de los gobiernos/estado esté ausente. En el actual modelo económico,predominan los intereses económicos y políticos de la clase dirigente que son las burguesías nacionales y transnacional. De ahí podemos colegir que la lucha de clases es una lucha eminentemente política (Capítulo 1, Manifiesto del Partido Comunista.). En el capítulo segundo, Marx y Engels afirman que el propósito del proletariado debe ser la conquista del poder político por el proletariado. 

Preguntémonos si en Puebla y en nuestro país, las y los trabajadores tienen realmente conciencia de clase y voluntad de poder; me parece que la respuesta es muy obvia, la inmensa mayoría de las y los trabajadores no tienen consciencia de clase, piensan que son ¿clase media?, con todo lo que dicho concepto signifique.

 

Así mismo en este capítulo, Marx y Engels analizan conceptos tales como el de libertad, cultura, la educación, el derecho, la familia; sobre los niños (trabajadores). Acerca de los niños, ambos escribieron lo siguiente: transforma (la burguesía) a los niños en simples objetos de comercio, en simples instrumentos de trabajo. Marx y Engels afirman que se acusa a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad, los obreros no tienen patria, su patria es el trabajo. De tal suerte que la identidad de los obreros/trabajadores, es una identidad de clase, más que una identidad social o étnica. Su visión choca con algunas visiones y teorías contemporáneas y saberes históricos, antropológicos o sociológicos actuales. 

 

Dicha identidad de clase me parece, no está reñida con la o las identidades nacionales, étnicas o sociales, por el contrario y como se ha visto en América Latina, la recuperación de la memoria histórica y el reconocimiento a sujetos sociales históricos como los pueblos indígenas, han jugado un papel central en muchos de los movimientos políticos y sociales que han luchado por la transformación de las estructuras económicas, políticas y sociales en nuestro continente: pensemos en Martí y la revolución Cubana, en Bolívar y  su lucha libertaria y anti imperialista en la gran Colombia, la memoria de Túpac Amaru y los Tupamaros en el Uruguay, o el papel jugado por los pueblos aymaras y quechuas en el triunfo de Evo Morales en Bolivia, solo por poner unos ejemplos. 

 

En el capítulo tercero hacen una revisión y una crítica acerba, tanto al socialismo pequeño-burgues como al socialismo cristiano, del que dicen: El socialismo cristiano no es sino el agua bendita con que el clérigo consagra el despecho de la aristocracia, y critican también al socialismo alemán del que mencionan: (racionalizan) los intereses del ser humano (abstracto), del hombre en general, del hombre que no pertenece a ninguna clase ni a ninguna realidad y que no existe sino en el cielo brumoso de la fantasía filosófica y terminan, pasando por criticar el socialismo conservador, con el comunismo crítico-utópico porque los comunistas utópicos repudian toda acción política, y sobre todo, toda acción revolucionaria.

 

En el cuarto y último capítulo, Marx y Engels lo dedican a enunciar un plan mínimo de medidas a llevar a cabo por el movimiento; algunas de ellas me parecen muy actuales. Veamos: a) (Impulsar un) Impuesto progresivo.  b) Abolición de la herencia. (Supongo que de las grandes herencias). c) Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y con el monopolio exclusivo. d) Centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte. e) Combinación del trabajo agrícola y del trabajo industrial, (con) medidas encaminadas a hacer desaparecer gradualmente la distinción entre la ciudad y el campo. f) Educación pública y gratuita de todos los niños, abolición del trabajo de éstos en las fábricas tal como se practica hoy; combinación de la educación con la producción material.

 

El manifiesto termina con un llamado a la unidad a todas y todos los trabajadores del mundo: ¡Proletarios de todos los países, Uníos.!

 

Pocas líneas arriba escribieron: Ha llegado el momento de que los comunistas expongan a la faz del mundo su manera de ver, sus fines y sus tendencias; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del partido.

 

Desafortunadamente en nuestro país no tenemos un partido de izquierda en términos clásicos; no dogmático, sectario o caudillista y mucho menos tenemos una izquierda que pongan en el centro de la lucha la justa distribución de la riqueza. La justicia social y la democratización del poder político y social, en cambio, tenemos a lo mucho una izquierda socialdemócrata, fabiana. Una izquierda neoliberal (Morena), como declaró el ex director de Fonatur en los inicios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Rogelio Jiménez Pons, sin darse cuenta de la grave contradicción entre ambos términos, mismo que son excluyentes. 

 

En las páginas de Manifiesto podemos leer la utopía de una sociedad del futuro, un mundo sin opresores y oprimidos, explotados y explotadores opresión y en donde  la justicia social, la igualdad, la libertad y la razón prevalecen sobre la codicia, la explotación, la barbarie, en el cual la mentira hecha noticia no se enseñoree.

 

Para fraseando al militante comunista y gran poeta Efraín Huerta “El Cocodrilo”, diría: 

 

A mis / viejos / compañeros/ de marxismo / no los puedo / entender: / ninguno está/ en la cárcel / y otros creen estar / en el / poder.

Hasta siempre camarada Jesús Sandoval Ramírez.  

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