Por: Pbro. Gustavo Herrera
¡No te estanques!
No olvides que la vida es un continuo avanzar.
Pasamos del vientre de nuestra madre y empezamos una etapa diferente, ya sin el cordón umbilical, y nos vamos adaptando a situaciones desconocidas y novedosas. De la misma manera, pasamos de la primera etapa a la infancia y, de esta, a la adolescencia, la juventud, hasta llegar a ser adultos y envejecer. Todas esas son etapas de la vida en las que debemos aprender a renunciar a ser niños para ser adolescentes, y así sucesivamente.
Todo cambio implica renunciar a algo, pero solo así podremos ir creciendo.
Eso sí, es importante remarcar que, al pasar de una etapa a otra en tu vida, no tienes que morir totalmente a ti mismo, sino que debes ir enriqueciendo, con situaciones nuevas, aquello que te ha ido forjando y te ha dado la personalidad que hoy tienes. Se debe renunciar a aquello que ya no es compatible con tu edad ni con la situación que en otro momento viviste.
¡Qué difícil es renunciar a algo que ya tenemos!
Nos cuesta trabajo adaptarnos a un nuevo estilo de vida y, si no nos ubicamos y cortamos con lo anterior, nos hacemos mucho daño. Hay que aprender a ir creciendo.
Habrá cosas nuevas que debas ir incorporando a tu vida para que te vayan dando un nuevo dinamismo. Cosas que te motiven y revitalicen para continuar, a lo mejor, haciendo lo mismo, pero con una actitud diferente.
Es hermoso reconocer que no debemos estancarnos, sino que cada día tenemos la oportunidad de añadir cosas o personas nuevas a nuestra vida.
Lucha contra aquello que se te ha convertido en algo ordinario y cotidiano. ¡Dale un nuevo sentido a tu vida!
El que no busca renovarse día a día... ¡Muere!
Hay que aprender a cerrar ciclos para dar paso a momentos nuevos en tu vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario