martes, 9 de junio de 2026

Entropía - La batalla del 2030 empezó en Coahuila


Por: Alexis Manuel Da Costa

Durante años escuchamos la misma historia: que el PRI estaba acabado, que era un partido condenado a desaparecer y que su tiempo había terminado, yo mismo lo he mencionado en varias columnas. Sin embargo, la política mexicana tiene una costumbre muy peculiar: castiga a quienes se adelantan a escribir obituarios.

Lo ocurrido en Coahuila merece atención. El PRI ganó los 16 distritos electorales en disputa. Los 16. No hablamos de una victoria cerrada ni de una elección donde una coalición completa salió al rescate. Hablamos de un PRI que compitió sin el PAN y que logró conservar el control político de uno de los estados que históricamente han sido considerados sus últimos grandes bastiones.

Mientras tanto, el PAN decidió caminar por su cuenta. El resultado fue devastador. Terminó con una votación inferior al 3 por ciento, una cifra que obliga a una reflexión profunda sobre su verdadera fuerza electoral cuando no cuenta con alianzas.

Por supuesto, la elección no está exenta de polémica. Existen señalamientos sobre presunta compra de votos y diversas inconsistencias denunciadas por actores políticos. Corresponderá a las autoridades electorales revisar cada caso y determinar si existen responsabilidades. Pero incluso si dejamos esos señalamientos de lado por un momento, el resultado sigue siendo políticamente relevante.

La narrativa nacional suele presentar a Morena como una maquinaria electoral prácticamente imbatible. Sin embargo, Coahuila demuestra que todavía existen territorios donde las estructuras locales, los liderazgos regionales y las redes políticas construidas durante décadas continúan siendo capaces de resistir.

Y Coahuila no es el único caso.

El PRI mantiene una presencia importante en entidades como Coahuila y Durango.

Movimiento Ciudadano conserva fortalezas muy claras en Jalisco y Nuevo León.

El PAN sigue encontrando refugio en estados como Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y Chihuahua.

Es decir, aunque a nivel nacional Morena domine gran parte del mapa político, todavía existen regiones donde otros partidos conservan músculo electoral, organización territorial y capacidad competitiva.

Por eso el verdadero aprendizaje de esta elección no es que el PRI haya resucitado ni que Morena haya sido derrotado. El aprendizaje es que México sigue siendo un país de bastiones políticos.

Más allá de quién ganó o perdió en Coahuila, lo verdaderamente interesante será observar qué ocurre en 2027. Las elecciones intermedias servirán como un enorme termómetro político para medir la fuerza real de Morena, la capacidad de recuperación de la oposición y la resistencia de estos bastiones que todavía sobreviven en distintas regiones del país.

Ahí podremos comenzar a responder una pregunta que hoy sigue abierta: ¿estamos viendo los últimos destellos de los partidos tradicionales o el inicio de una nueva etapa de competencia política?

Lo que ocurra en 2027 ayudará a definir el camino rumbo a 2030, una elección presidencial que podría convertirse en una de las más importantes de las últimas décadas. Porque si algo nos acaba de recordar Coahuila es que, en política, ningún partido está tan muerto como parece y ningún triunfo nacional es tan permanente como algunos quisieran creer.

Además, dejó en claro que para los demás partidos lo importante solo es ganarle a Morena, no importa como se logre 



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares