Parece que los regidores cuestan mucho y salen caros ¿qué hacer?
Por: Horacio Cano
Hace algunas semanas escribimos y platicamos, en los espacios donde tenemos la oportunidad de opinar, algunas ideas sobre el Plan B que la presidenta Claudia Sheinbaum había presentado; las reformas a la Constitución que son parte de ese “Plan” ya fueron aprobadas por el Congreso de la Unión y al día de hoy, están siendo avaladas por las legislaturas locales, siguiendo el procedimiento de una reforma constitucional.
Expuse que, si queremos que los regidores en verdad cumplan con su objetivo y no sean como dice mi amiga, la periodista Texmeluquense Laura Roldan: “la pieza ornamental más cara en una administración pública”, no basta con querer reducirlos. Esbocé, usando el derecho comparado, revisar el caso de Nayarit, que elige a sus regidores por cada zona de la ciudad. Pero se quedaron algunas ideas en el tintero.
¿Qué hace un regidor? Mejor dicho, ¿qué debe hacer un regidor? Algunos me comentaban que la ley orgánica, al menos la de Puebla, es muy escueta. Y sí, las atribuciones específicas de un presidente están detalladas en 65 fracciones; las del síndico, en 18; y las de los regidores, en tan solo 9; esto a pesar de que, en el resto del cuerpo legal, el Presidente y el Síndico acumulan todavía más facultades dispersas.
Hay que observar que existen 72 fracciones en las que se detallan las atribuciones exclusivas del Ayuntamiento, es decir, cuando actúan regidores, síndico y presidente en conjunto, como órgano colegiado.
Me atreveré a resumir esas 9 fracciones para después, sin alterar su naturaleza, proponer algunas acciones para tener regidores más eficientes.
Además de asistir a las sesiones del Ayuntamiento y de sus comisiones, los regidores, en resumen, deben desarrollar las siguientes acciones:
1.- Inspección y vigilancia;
2.- Crear reglas y revisar el ejercicio de los recursos públicos; y
3.- Gestionar proyectos que, de acuerdo con el artículo 78 de la ley orgánica, le toca resolver al Ayuntamiento.
En síntesis, un regidor debe diseñar, vigilar y resolver.
Está muy claro en la ley orgánica municipal para el Estado de Puebla; el problema es que es una norma imperfecta. Creo que el problema no es que sea escueta, es que es abstracta. No existe una consecuencia en caso de no realizar alguna de las tareas que plantea la ley, tampoco señala el cómo ni el cuánto. Hace falta reglamentar e implementar diferentes estrategias para garantizar que están haciendo su trabajo.
¿Usted ha visto al regidor en la materia salir al quite ante situaciones de inseguridad? ¿O al de servicios públicos planteando una estrategia para mejorar la recolección de basura? ¿Sabe usted las razones por las cuales algún regidor vota en contra o se abstiene en alguna propuesta hecha en cabildo? ¿Ha visto a algún regidor cuestionar las cuentas presentadas por la tesorería municipal a través de su regiduría?
Si los regidores tuvieran que publicar sus posiciones —a favor o en contra— de forma obligatoria, los estados financieros dejarían de ser una moneda de cambio para la extorsión al presidente en turno. Parece que el sentido de las votaciones en el máximo órgano de gobierno de un municipio está supeditado a intereses políticos o económicos. Crear una gaceta de debates, digital y accesible para cualquiera, podría ser una solución.
Para garantizar que hagan su trabajo no se necesita una reforma a la Constitución, ni federal ni estatal, ni siquiera a la ley orgánica municipal. No nos enredemos. Basta con la creación de reglamentos internos y la definición de tareas específicas contenidas en programas presupuestarios. Con esto, los regidores, como cualquier servidor público, tendrían metas que cumplir en un periodo determinado. De no hacerlo, cabría la posibilidad de una sanción. Establecer indicadores de desempeño a nuestros regidores, vaya.
Sospecho que no se ha tenido la voluntad para hacerlo. ¿Por qué?
Quizá los alcaldes temen que, al establecerles tareas específicas, los regidores tendrán más poder. Ya saben, el clásico del tío Ben (Spiderman): “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Ellos lo ven al revés: “una gran responsabilidad lleva a tener más poder”.
Quizá la versión oficial que nos venderán es que, de acuerdo con el artículo 93 de la ley orgánica municipal para el Estado de Puebla —y que seguramente está replicado en las leyes de todos los estados—, a los regidores no se les puede reconvenir. Se confunden: una cosa es que no puedan ser presionados por opinar de cierta forma, y otra muy distinta es exigirles que cumplan con su trabajo, con la ley en la mano. El 93 no es una licencia para la flojera.
Hasta hoy, solo se ha reglamentado el desarrollo de las sesiones de cabildo, y eso en pocos municipios de nuestro estado, pero no las funciones propias de los regidores. Con la verdad parcial de decir que no son operativos, les quitamos toda responsabilidad de rendir cuentas.
Apunte al aire
Conozco muchos regidores que no necesitan una reglamentación para fundar sus mociones en las sesiones de cabildo o de comisiones. Y aunque, en esta confusión de no otorgarles responsabilidades para que no tengan poder, ni siquiera les ceden la presidencia de alguna comisión, estos se hacen presentes de una forma u otra. Un saludos y aplausos a los regidores de Puebla Capital que están en esa situación. Sin duda el que resiste aporta.
Celebro también la apertura de algunos presidentes municipales que ceden espacios a regidores de oposición para presidir comisiones importantes. Está el caso de San Martín Texmelucan, donde las comisiones edilicias de Bienestar y la de Industria, Comercio, Fomento Económico y Atención a Grupos Vulnerables están encomendadas, ni más ni menos, que a regidores de Movimiento Ciudadano, segunda fuerza política en Texmelucan después de la llamada cuarta transformación, teniendo como líder al gran opositor del gobierno de Juan Manuel Alonso.
Este ejercicio de pluralidad no solo es un gesto político de generosidad, sino una oportunidad de oro que poco se ve en las administraciones públicas municipales: ojalá aprovechen la oportunidad y podamos dejar de decir que son una “pieza ornamental” y darle la bienvenida a un verdadero representante popular. Al tiempo.
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