martes, 27 de octubre de 2026

Entropía - Los políticos vuelven, los vecinos nunca se fueron


Por: Alexis Manuel Da Costa

Hay una temporada en la que los patios de las tiendas comienzan a llenarse de sillas, las conversaciones en las plazas se prolongan y algunos teléfonos que llevaban meses en silencio vuelven a sonar. No hace falta que los partidos anuncien el inicio de una campaña para advertir que algo empieza a moverse. En nuestros municipios, la política suele aparecer primero en las calles.


Estamos en vísperas de conocer quiénes buscarán las candidaturas para 2027. En Morena ya comenzaron a moverse los aspirantes a diputaciones federales y presidencias municipales, y pronto la conversación se extenderá a las diputaciones locales. Todavía falta para conocer las candidaturas definitivas, pero los primeros acercamientos ya forman parte del paisaje cotidiano.


Y entonces ocurre algo que vale la pena observar: comienzan a aparecer personas que, sin ocupar cargos públicos ni pertenecer necesariamente a un partido, se convierten en interlocutores buscados por quienes aspiran a gobernar.


Son los liderazgos informales. El vecino que conoce a todo el mundo, quien organiza una reunión cuando hace falta resolver un problema, la persona que lleva años participando en su comunidad y aquella a la que los demás consultan antes de tomar una decisión colectiva. No siempre tienen un nombramiento, pero tienen algo que la política necesita comprender: conocen el territorio desde dentro.


De pronto, los aspirantes quieren visitarlos, escucharlos y sentarse a conversar con ellos. Las reuniones se multiplican y los traspatios de las tiendas vuelven a convertirse en pequeños centros de conversación política. Allí, entre un café y una charla aparentemente informal, comienzan a circular nombres, opiniones y expectativas.


No hay nada extraordinario en ello. La política necesita relacionarse con la sociedad. Lo interesante es preguntarnos por qué algunas de esas relaciones parecen reactivarse justo cuando se acerca una elección.


Porque muchos de esos vecinos llevan años hablando de los problemas de sus comunidades. Han organizado actividades, gestionado apoyos, acompañado inconformidades y mantenido relaciones que no dependen de un calendario electoral. Sin embargo, es cuando comienzan a definirse las candidaturas que su teléfono vuelve a ser importante.


Y aquí conviene recordar algo: tener un cargo no es lo mismo que tener influencia, así como conocer a muchas personas no significa contar con su confianza.


Quienes aspiran a una candidatura pueden encontrar en estos liderazgos una puerta de entrada a la comunidad, pero sería un error pensar que esa puerta garantiza el respaldo de quienes están detrás de ella. La gente no es un grupo que alguien pueda trasladar de una reunión a una urna. Cada persona tiene sus propias opiniones, sus intereses y su libertad para decidir.


Además, los liderazgos comunitarios también observan. Escuchan a quienes llegan, recuerdan quién estuvo presente antes de que comenzaran los tiempos electorales y distinguen entre una relación construida durante años y un acercamiento que apenas empieza. No necesitan decirlo en público para tenerlo presente.


Por eso, creo que esta etapa también debería servir para que los aspirantes se hagan una pregunta sencilla: ¿buscan conocer a las comunidades o solamente necesitan que las comunidades los conozcan?


La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es. Una cosa es acercarse para escuchar, comprender y construir una relación que continúe después de las elecciones; otra es visitar a las personas únicamente cuando pueden resultar útiles para un proyecto político.


En los próximos meses veremos más reuniones, más nombres y más aspirantes buscando espacios en la conversación pública. Es parte de la dinámica electoral. Pero mientras los partidos definen candidaturas, hay una vida comunitaria que no se detiene y personas que seguirán trabajando en sus calles mucho después de que termine la contienda.


Las candidaturas se anuncian, las campañas comienzan y los resultados llegan. Pero la confianza tiene su propio calendario. No aparece por una invitación, no se obtiene por una fotografía y tampoco se garantiza con una reunión.


Por eso, cuando la política vuelve a tocar la puerta, convendría recordar que hay personas que llevan años manteniéndola abierta para su comunidad. Lo que está por verse es quiénes seguirán tocando cuando ya no haya elecciones a la vista.


 

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