martes, 1 de septiembre de 2026

Uno es de donde come



Me gusta la comida y la historia, quizá por eso me quedé en Puebla: para mi lo tiene todo 

Por: Horacio Cano 


En casa fuimos nómadas. Vivimos en Torreón, Ciudad de México, Morelia, Tlaxcala y Puebla. Ante esto, mi padre siempre nos dijo: uno es de donde come.


El Banquete de Zagal es un programa que hace años se transmite en MVS los días sábados. Lo he escuchado muchas veces, en el podcast que la radiodifusora pone a disposición y, en otras ocasiones, en pequeños fragmentos que se replican en redes sociales. Es un programa donde se mezclan historia y comida. Quienes me conocen podrán verificar que son dos cosas que más disfruto.

Mis recuerdos siempre tienen que ver con comida. Mis tradiciones familiares tienen que ver con comida. Les cuento una: todos los martes, en casa, es martes de pan dulce. No cualquiera, pan de La Reina de Puebla. Vayan por una concha cuando puedan, son deliciosas. Es más, la verdadera raíz de mi afición a correr es el poder darme mis gustos con la comida y no sufrir tanto con el peso.


Pero así como me encanta comer, no soy mucho de conocer a los chefs, aunque lo haya invitado Zagal a su programa. Lo que sí recuerdo muy bien es que algún reconocido chef, aun siendo de Tijuana, afirmó que el poblano ha probado más sabores que cualquier otra persona. Dijo que el paladar del poblano es tan exigente que las grandes cadenas hacen sus estudios de mercado en Puebla: si pasa la prueba del exigente paladar, es más fácil que tenga éxito en otro lugar.


Y es que, desde ir a Casa Reyna, mi restaurante favorito de Puebla, por un chile en nogada, o comerlo en una casa poblana de acuerdo con la receta que han pasado varias generaciones, es una cosa memorable, espectacular, vaya. Por cierto, es capeado; si no, no es chile en nogada. Un platillo que sabe a historia, a tradición, a Don Goyo, a México, a Independencia, por cierto, materia de algún programa de El Banquete de Zagal. Un platillo barroco en toda la extensión de la palabra, muy agustiniano. En fin, una mezcla de sabores que a mi amigo guerrerense Gerardo le puede no gustar (más por contreras que otra cosa), pero su prometida, Charo, disfruta como buena poblana.

Pero también puedo recordar el sabor de los Tacos del Pasaje, esos que están a un lado del Charlie Hall, con una coca bien fría a mitad del día; daban las calorías suficientes para continuar con éxito el día. Eso o comer una torta de guisado del Jirofle o unos molotes de la 5 Poniente. ¿Y qué me dicen de cenar una cemita en el estadio de beisbol viendo a los Pericos, o de algún puesto del Mercado Domingo Arenas en San Martín? Ya que hablamos de San Martín, puedo recordar y saborear un esquite del Carmen o una enorme torta Tony, de esas que están a un lado de la parroquia, mis favoritas, o unos tacos ahí de Melquiades para cenar.


Le pido a Dios que no se gentrifiquen todas estas opciones gastronómicas. A veces agradezco que los Tacos Beirut estén en más ubicaciones, pero extraño poder ir enfrente del hospital UPAEP y echarme un taco árabe sin tanto glamour, sin sentirme en un restaurante de cadena…


No soy poblano, mis ascendentes no lo son, mi esposa tampoco. Pero lo soy por elección y adopción, por lo que me gusta su sabor, pero, a pesar de lo que digan en otros lados, por su gente. En San Martín y en Puebla han sido muy generosos en recibir a este nómada que no tiene otra identidad que la de la tierra de donde come.

Apunte al aire


Debo hablar de la asamblea de Morena en San Martín. El evento que encabezó el presidente municipal Juan Manuel Alonso como la figura más importante de la cuarta transformación en el municipio, que aunque no está afiliado a este partido político, sabe de la importancia de la unidad. Como lo hemos dicho aquí, la Cuarta Transformación ha podido ser porque ha dado cabida a todas las ideas, a todas las corrientes.


Los “puristas” que quieran que en la Cuarta Transformación solamente quepan ellos o los que piensen como ellos se deben ver en el espejo del PAN. La clave de la victoria del 2018, sin duda, fue abrir las puertas para que todos pudieran ser parte del proyecto transformador. Cerrarlas puede ser una sentencia de muerte para el movimiento.

No me encantó ver esas viejas prácticas de ir caminando, gritando arengas, con aspirantes a caudillos teniendo un protagonismo totalmente artificial. Me recuerda a las épocas del partidazo. Creo que la Cuarta Transformación precisamente superó ese tipo de operaciones. Justo ellos fueron los que sí están terminando de enterrar al PRI.


Pero ¿quién soy yo para juzgar? Quizá eso gana elecciones…

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