lunes, 2 de marzo de 2026

Repensar el Municipio



Atender al municipio desde su diversidad es la clave para el progreso del país.

Por: Horacio Cano

Soy municipalista. ¿Cómo no serlo si he trabajado 10 años en el área jurídica de dos Ayuntamientos? He vivido en primera fila muchas de las situaciones que tiene que resolver un municipio y estoy convencido de que ahí está la clave del desarrollo del país. El municipio es la base de la división territorial y de la organización política en nuestro país, de acuerdo con el artículo 115 constitucional. En México hay 2,478 municipios. Cada uno tiene su Ayuntamiento, con los regidores y síndicos que indique la ley en cada estado.


Reformas vienen y reformas van. Hace algunos años se planteó la reelección municipal; decían que tenía beneficios. ¿Cuáles eran? Mayor continuidad a los planes y programas de gobierno, aprovechar la experiencia de los funcionarios municipales y que eso se tradujera en un mejor trabajo. ¿Funcionó? Parece que no. La “eficiencia” que debieron demostrar, en algunos casos, no logró pesar lo suficiente para ir en contra del principio histórico de no reelección.


Pero más allá de la reelección o no del presidente municipal y su Ayuntamiento, ¿alguien ha pensado de verdad en los municipios?


Me resulta poco creíble que la misma organización jurídica aplique para municipios como Tijuana, con más de 1.9 millones de habitantes, y para Santa Magdalena Jicotlán, Oaxaca, que tiene 81. O que lo mismo aplique a Puebla capital, con 1.6 millones de habitantes y una geografía mayormente plana, que a San Miguel Ixtlán, en la Sierra Norte de Puebla, donde llegar de un punto a otro de su extensión territorial es complicado. Y para muestra de la tremenda diferencia entre un municipio y otro está la densidad poblacional: mientras en Puebla capital viven 7,466 personas por cada kilómetro cuadrado, en San Miguel Ixtlán viven 8 por cada kilómetro cuadrado.


Si le preguntas a cualquier alcalde del país: ¿cuál es tu mayor obstáculo para hacer un mejor gobierno?, estoy seguro de que responderá que el recurso no es suficiente para dar seguridad, infraestructura urbana, agua potable y demás servicios básicos. Y, en parte, tienen razón.


De cada peso que recauda la Federación, en el mejor de los escenarios, a los municipios les llegan 10 centavos. Los municipios reciben esas aportaciones principalmente de dos formas: Ramo 28 (participaciones) y Ramo 33 (FAISMUN y FORTAMUN). En ambos casos el recurso está sujeto a comprobación; pero en el caso del Ramo 33 existen reglas de operación que, si no se cumplen, impiden su ejercicio.


Entonces, ¿es injusto que pase esto? ¿La Federación reparte mal el dinero?


Lo cierto es que con esos centavos que entrega la Federación no es suficiente. Algunos municipios lo han solucionado. ¿Cómo? Aprovechando la Ley de Coordinación Fiscal: ahí se establece qué puede cobrar un municipio en su Ley de Ingresos, y la clave está en cobrarlo eficientemente. La autonomía del municipio no se da por decreto; el asunto es fiscal. Sin autonomía fiscal no hay municipio libre, y sin municipio fuerte no hay República que funcione.


Doy un ejemplo contrastante que, por accesibilidad y ubicación geográfica, no debería ser tan dispar: Ecatepec, con una población de 1.6 millones de personas, frente a San Pedro Garza García, con 132 mil habitantes. Mientras Ecatepec tiene un presupuesto de $6,950,000,000 de pesos, San Pedro Garza García tiene uno de $5,180,000,000. La clave está en generar ingresos propios: el presupuesto de San Pedro proviene en un 70% de ingresos propios, mientras que el de Ecatepec apenas alcanza el 23%.


Más allá de proyectos unipersonales, los municipios necesitan rumbo. Deben tener planes a largo plazo y cumplirlos. Van algunas propuestas que se deberían tomar en cuenta:


Darle valor a los Programas de Desarrollo Urbano. Renovarlos cada tres años no significa otra cosa que el fracaso de los planes anteriores. Nuestras ciudades siguen creciendo sin orden. Muchas propuestas no cuentan con una visión integral; con frecuencia pesan más los intereses económicos, sobre todo los inmobiliarios.


Profesionalización de los funcionarios. Si bien nos va, el secretario de Desarrollo Urbano o el secretario del Ayuntamiento dura tres años en el cargo. No me dejarán mentir quienes han ocupado estos puestos a nivel municipal: se requiere conocimiento teórico-práctico que es difícil sustituir con simples capacitaciones.


Implementar Institutos de Planeación. Quizá no por municipio, pero sí por región. Con un banco de proyectos para cada municipio, armonizado, para que los municipios conurbados caminen en la misma dirección. 


Plan Municipal de Desarrollo. Es absurdo hacer un plan por solo tres años. Quizá deban aterrizarse tareas derivadas de un plan más amplio. Una planeación a tan corto plazo es estéril. Eso sin contar que muchas veces se contrata a despachos fantoches que hacen “copy paste” y entregan planeas genéricos por todos los municipios.


Todo esto, bien desarrollado, se puede hacer desde las legislaturas, tanto federales como locales. No solo es pensar quién va a gobernar, sino qué herramientas tendrá para hacerlo correctamente. 


La reelección tiene sus ventajas, pero sin un andamiaje jurídico sólido la eficiencia al gobernar no está garantizada. Regresar al principio histórico de no reelección implica repensar el municipio; si no es reelección, quizá deba replantearse la duración del mandato.


Apunte al aire


En 2018, en Texmelucan, de cada 10 pesos que gastaba el Ayuntamiento, 8.5 venían de la Federación; en este 2026 son ocho. Pongámoslo en perspectiva: Huejotzingo, que comparte el mismo polo industrial, está como San Martín en 2018; es decir, tiene ocho años de retraso en términos de autonomía financiera.


El camino, como ya lo dije, está en la profesionalización, la planeación y el respeto a los planes. Claro que los municipios tienen características propias, pero este ejemplo de eficiencia tributaria tan dispar demuestra cómo dos municipios que comparten problemáticas y polo de desarrollo pudieron haber planeado en conjunto y aprovechar mejor el potencial que les da su ubicación geográfica.


La autonomía municipal no se mide en discursos ni en reformas; se mide en la proporción de ingresos propios. Mientras más ingresos propios tiene un municipio, más margen real de decisión posee. Repensar el municipio implica discutir su capacidad recaudatoria, fortalecer su planeación y construir una visión de largo plazo.

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