Por: Alexis Manuel Da Costa
Ayer fue lunes y hay algo reconfortante en el primer lunes del año. El café sabe distinto, la agenda está limpia, el tráfico todavía se porta bien y uno siente —aunque sea tantito— que todo puede acomodarse.
Pero si somos honestos, ese lunes no hace milagros.
No nos vuelve disciplinados de golpe.
No repara lo que se dejó a medias.
No borra el cansancio acumulado.
Lo único que hace es ponernos frente al espejo.
Empezar un año no es arrancar de cero, es continuar con lo que ya traíamos. Con los pendientes, con las ganas, con las dudas. Con esa mezcla rara entre esperanza y hartazgo que muchos cargamos sin decirlo en voz alta.
En la calle se siente eso. No hay grandes euforias, pero sí una especie de acuerdo silencioso: ojalá este año sea más sencillo. Que las cosas funcionen. Que no todo cueste tanto. Que vivir no se sienta como estar empujando una puerta que nunca abre del todo.
La mayoría no pide discursos bonitos ni promesas rimbombantes. Pide que el camión pase, que el trámite avance, que el problema pequeño no se vuelva una pesadilla. Pide que el día alcance y que el sueldo rinda un poco más. Cosas simples, pero urgentes.
Y ahí es donde enero no perdona.
Porque el primer lunes deja claro quién regresa con intención y quién solo regresa por inercia. Quién ya había pensado qué quería hacer distinto y quién confía en que el calendario haga el trabajo por él.
No es cuestión de grandes cambios. A veces basta con llegar temprano, con escuchar más, con no patear el problema para mañana. A veces el cambio no se nota en discursos, sino en gestos chiquitos que hacen la vida un poco menos pesada.
Este año no necesita héroes ni frases motivacionales pegadas en la pared. Necesita constancia. Gente que haga lo que le toca. Personas que entiendan que lo cotidiano también importa.
Porque al final, los años no se definen por cómo empiezan, sino por cómo se sostienen.
Y el primer lunes no empieza nada, es cierto.
Pero sí nos recuerda algo importante: que lo que viene depende menos de los propósitos y más de lo que hacemos cuando nadie está aplaudiendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario