lunes, 1 de junio de 2026

Conectar en tiempos de la IA



No estoy en contra de la Inteligencia Artificial, solo que para todo hay tiempos y lugares


Por: Horacio Cano


“En tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos…”. Así cantaba Fito Páez en 1999. Si alguien no ha escuchado Al lado del camino y le digo que la escribieron ayer, podría comentar: “Qué atinado análisis de lo que pasa hoy en día”.


Sin duda, siempre hay dificultades. El reto de hoy sigue siendo escucharnos, crear comunidad y convivir con la soledad. Lo que es cierto es que cada día es más difícil conectar. Las pantallas, las redes sociales y la inteligencia artificial, a veces, en lugar de acercarnos, nos alejan más.


De esto ha escrito en su nueva encíclica el Papa León XIV. Confieso que aún no la he terminado de leer; estoy en eso. Vale la pena para quienes entendemos la política no desde el capitalismo o el socialismo, sino desde la consecución del bien común, con los principios de subsidiariedad y solidaridad.


En lo que he tenido oportunidad de leer, el Papa plantea esa dicotomía del Antiguo Testamento entre la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén. Y esa, creo yo, es la decisión que tenemos como humanidad: utilizar herramientas como la inteligencia artificial para construir un mundo más justo y más humano, o utilizarlas para crear más distancia entre nosotros y terminar creyéndonos infalibles.


Platicaba con mi amigo Tato sobre la encíclica, pero también sobre la Inteligencia Artificial. Le decía que hay gente que le pide a la IA que le genere una columna de opinión. Les digo a quienes lo hacen: se nota, y mucho.


Vaya, ChatGPT o cualquier otro proveedor dejan un tufo muy reconocible en la redacción. Y, ¿saben qué? Lo que dice no conecta, porque no es auténtico. Tiene un no sé qué, que qué sé yo, que simplemente no hace clic.


Me comentaba Tato que era ilógico: “Si quiero saber tu opinión leyéndote y resulta que no fuiste tú, sino la IA… ¿para qué te leo?”. De inmediato dejo de leerte. No me interesa lo que escribes, porque precisamente no lo escribes tú. 


En otra ocasión, durante una primera comunión, estaba platicando sobre el gran Miguel Miramón. Comenté que había sido Niño Héroe y presidente de México a los 28 años. Lo resalté por su juventud. Por cierto, sus restos están en el altar mayor de la Catedral de Puebla. Pues más tardé en decirlo que uno de los participantes de aquella tertulia respondió:


“Ya lo chequé en ChatGPT y no fue presidente a los 28, sino a los 27. Y tampoco está entre los seis Niños Héroes”.


Es cierto, fue presidente a los 27 años, mea culpa. Tampoco es de los que aparecen en la monografía de la papelería, pero sí estuvo en el Colegio Militar durante la invasión estadounidense. Tenía 15 años. Por lo tanto, podríamos considerarlo un Niño Héroe, aunque la historia oficial y las monografías escolares no lo hagan así. Quizá el prompt no fue del todo acertado. 


A todo esto, ¿es en serio? ¿Ya no se puede platicar sin recurrir a ChatGPT? Vaya, nos podemos equivocar. Es parte de la riqueza de las conversaciones.


Aunque, por otro lado, se logró el objetivo de alguien que, como yo, es amante de la historia: despertar interés por ella. Ojalá esa persona lea un poco más sobre esa época de México. Haría la siguiente plática más interesante y tendría mejores preguntas para su Inteligencia Artificial.


En lo personal, me gustan los procesos. Los disfruto. Escribir tiene lo suyo. Desde que lo piensas, tomas alguna nota de un libro que te gustó, rescatas algún fragmento de una conversación con un amigo y luego empiezas a redactar. Borras, corriges e incluso, como hoy está pasando, revisas una y otra vez.


Al final lo vuelves a leer. Una o varias veces. Quizá antes lo compartes con tu familia o con tus amigos. Luego lo dejas reposar, como un pastel. Finalmente, lo mandas al editor o lo publicas en tus redes, según sea el caso.


En tiempos de la inmediatez, estamos perdiendo el sabor del proceso. Lo bonito que es equivocarse. Hoy parece que lo imperfecto conecta. Pero más que lo imperfecto, conecta lo humano. Lo he sostenido muchas veces: ¿qué hace atractiva a una persona? Sin duda, que sea auténtica. Que no sea una copia. En todo caso, siempre será mejor acudir al original.


Para muestra, un botón. Ayer veía el video que la Federación Mexicana de Futbol hizo para presentar la lista de convocados de la Selección Nacional. Qué desilusión. No conecta. Aunque le hayan puesto la voz del entrañable Chespirito, la Inteligencia Artificial dejó su tufo. No tenía emoción y, en algunos momentos, hasta un extraño acento argentino.


Hasta me pregunté: ¿acaso Roberto Gómez Bolaños tenía ascendencia argentina y nunca me enteré?


Ojo, de ninguna forma estoy en contra del uso de estas herramientas. Son valiosísimas. Quizá lo que hace falta es el criterio para saber cómo usarlas.


Apunte al aire


Hoy muchos políticos se esfuerzan por estar en todos lados. Hasta en la sopa.


No entienden que no entienden. Después vendrán los reclamos a su equipo de comunicación o a los licenciados que diseñaron la estrategia. El asunto no es estar hasta en la sopa. El asunto es estar donde se debe estar.


Entender tu realidad, entender el momento y saber dónde estás parado. Aunque cada persona de la ciudad, del estado o del distrito vea tu cara y tu nombre cada vez que abra su celular, si no hay contenido valioso, en lugar de generar simpatía, generarás hartazgo.


Y muchos negativos. Sin duda, lo que más conecta son los resultados.


Que afuera de tu casa haya luminarias suficientes. Que tu calle esté pavimentada. Que tengas más y mejor seguridad. Que existan condiciones para el bienestar de todos. Una cara de pocos amigos abrazando abuelitas y cargando bebés no ayuda.


Hasta parece hecha con Inteligencia Artificial.

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