El presidente del Consejo de Comerciantes del Centro Histórico (CCCH) de la ciudad de Puebla, José Juan Ayala Vázquez, sostuvo que en el corazón de la capital se desarrolla un proceso de gentrificación, con encarecimiento inmobiliario y despoblamiento, que ha transformado de fondo el uso de los inmuebles al privilegiar bodegas, cadenas y franquicias por encima de la vivienda, situación que ha llevado a que en los tramos más comerciales las rentas de los locales alcancen hasta 120 mil pesos mensuales.
En entrevista, señaló a La Jornada de Oriente que la pérdida de población no es un fenómeno reciente, pues desde la década de los 60 la zona empezó a despoblarse a la par que ciertas calles se volvieron muy comerciales y resultó más rentable rentar los inmuebles para negocios que para casas habitación, lo que desplazó poco a poco el uso residencial.
Ayala Vázquez recordó que el sismo de 1985 profundizó el abandono, porque muchas personas temieron habitar inmuebles antiguos y optaron por mudarse, lo que dejó numerosas casonas sin mantenimiento y con dueños que prefieren esperar a que se derrumben antes que invertir en su restauración.
Agregó que las antiguas rentas congeladas generaron un círculo vicioso: los arrendadores dejaron de ver rentable la vivienda, se frenaron las obras de conservación y se facilitó el avance de usos comerciales intensivos en los inmuebles céntricos.
A ello se sumó el deterioro de servicios básicos, entre ellos el de agua potable y gas natural, además de que después de las 19 o 21 horas amplios sectores del Norte y el Poniente del Centro Histórico quedan prácticamente vacíos, lo que desincentiva que nuevas familias elijan vivir ahí.
El dirigente explicó que, en este contexto, los arrendamientos habitacionales se han encarecido de forma sostenida y, en algunos sectores, se ubican en niveles prohibitivos para trabajadores y familias de ingresos medios. Puso como ejemplo que, hacia el sur del zócalo y en dirección a El Carmen, es posible encontrar departamentos con rentas superiores a 35 mil o 40 mil pesos mensuales, costo que excluye a quienes tradicionalmente habitaron el Centro.
En el caso de los locales comerciales la diferencia entre los corredores más codiciados y las calles aledañas es extrema. La calle 5 de Mayo, del tramo que va de Reforma a la 10 Poniente, es considerada la más cara y un local de 40 metros cuadrados puede alcanzar rentas de 100 mil o hasta 120 mil pesos al mes, mientras que en la 5 o la 7 Norte, un espacio similar se ofrece entre 15 mil y 20 mil pesos.
El líder del CCCH recordó que este salto en los precios tuvo uno de sus puntos de quiebre en los años 80, con la llegada comerciantes coreanos. Contó que, en aquel momento, hubo arrendatarios asiáticos dispuestos a pagar montos muy superiores a los del mercado, al grado de ofrecer 100 mil pesos por locales que se rentaban en 5 mil, lo que contaminó de manera definitiva el valor de las rentas y terminó por expulsar a numerosos negocios familiares.
Aunque la epidemia de Covid-19 provocó el cierre de cerca de mil comercios en el Centro Histórico, ese golpe económico no se tradujo en una reducción de los alquileres, pues las rentas quedaron estabilizadas pero en niveles altos y, una vez reactivada la actividad, retomaron una trayectoria ascendente.
Ayala Vázquez indicó que incluso los traspasos y precios de arrendamiento en las zonas más comerciales llegaron a equipararse con los de la Ciudad de México, a pesar de que la capital del país concentra una actividad mercantil mucho mayor.
El dirigente sostuvo que, en los últimos tres gobiernos municipales, los comerciantes han insistido en la necesidad de que regresen habitantes al Centro Histórico, pero reconoció que los resultados han sido pobres por la combinación de servicios deficientes, inseguridad en calles poco transitadas y falta de incentivos para vivienda accesible.
Con información de: La Jornada de Oriente
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