martes, 22 de septiembre de 2026

Gobierno estatal suma esfuerzos por la salud de las mujeres con Latido Rosa.




-La carrera con causa se realizará el 24 de octubre en el Parque del Arte; lo recaudado fortalecerá acciones de atención para mujeres poblanas.


-Habrá una Magna Jornada de Salud con servicios gratuitos, además de la pasarela “Rosa Unidos por el Corazón” y donación de cabello.


PUEBLA, Pue.- En el marco de la lucha contra el cáncer de mama, el Gobierno del Estado fortalece las acciones de prevención, detección oportuna y atención integral para las mujeres, con actividades que tendrán lugar el próximo 24 de octubre. La secretaria de las Mujeres, Yadira Lira Navarro, anunció en la conferencia mañanera la carrera con causa “Latido Rosa”, que tendrá salida y meta en el Parque del Arte, a las 19:00 horas, con recorridos de cuatro y ocho kilómetros, cupo para 2 mil participantes y una cuota de recuperación de 250 pesos.



Con el respaldo del gobernador Alejandro Armenta Mier, la funcionaria invitó a la población a sumarse a esta iniciativa, cuyos recursos se destinarán al Voluntariado del Sistema Estatal DIF para fortalecer acciones en favor de la salud de las mujeres poblanas. Las inscripciones se encuentran abiertas a través de la página de internet www.chronostart.com.mx y las redes sociales de la Secretaría de las Mujeres. El mismo día, de 9:00 horas a 16:00 horas, se entregarán los kits, que incluyen playera oficial, número de corredor, regalos y sorpresas de patrocinadores; además, habrá hidratación, masaje de recuperación, asistencia médica y medalla para quienes crucen la meta. “Hablar de bienestar de las mujeres también es hablar de nuestro derecho a cuidarnos y a ser cuidadas”, señaló.



Por su parte, la secretaria de Salud, María del Rocío Rodríguez Juárez, informó que el 24 de octubre tendrá lugar una Magna Jornada de Salud, con servicios gratuitos de medicina general, ultrasonido, colposcopía, papanicolaou, laboratorio clínico, salud dental, electrocardiograma, densitometría ósea, mastografía, farmacia, consulta psicológica y módulos de prevención. También se ofrecerán química sanguínea de seis elementos, biometría hemática, grupo sanguíneo, hemoglobina glucosilada, reacciones febriles, antígeno prostático, pruebas de VIH, VDRL, embarazo, tiempo de coagulación, electrolitos séricos y examen general de orina, además de detecciones de glucosa, hipertensión, VIH, hepatitis C y sífilis, vacunación, medición de peso y talla, orientación alimentaria y entrega de cartillas.



Rodríguez Juárez exhortó a las mujeres de 40 a 60 años a acudir a la mastografía. Para facilitar el estudio, se recomienda acudir con las axilas depiladas, sin desodorante, aceite, perfume o crema en axilas y tórax, así como con vestimenta de dos piezas. Las mujeres embarazadas deberán informarlo al personal responsable del estudio. Todos los servicios serán gratuitos. Asimismo, el Voluntariado de la Secretaría de Salud recibirá donaciones de cabello de al menos 30 centímetros, limpio y en coleta o trenza; se aceptará cabello teñido.



La titular de la Unidad de Salud y Bienestar del Sistema Estatal DIF, Elizabeth Laug García, destacó que el Mes Rosa debe ser todo el año, como un llamado permanente al autocuidado y a la detección temprana. Explicó que los recursos obtenidos permitirán adquirir un procesador de tejidos y muestras, así como microtomos, equipo prioritario para fortalecer la detección oportuna de pacientes con cáncer. Subrayó que, con el respaldo de la presidenta honoraria del SEDIF, Ceci Arellano, la participación ciudadana será fundamental para alcanzar esta meta.



En su intervención, la titular del Voluntariado del Congreso del Estado, Minerva García Chávez, invitó a la pasarela “Rosa Unidos por el Corazón”, que se efectuará el 24 de octubre en el Parque del Arte, con historias de mujeres que han enfrentado el cáncer y una muestra de trajes típicos mexicanos en color rosa. Los recursos permitirán apoyar a mujeres que requieren prótesis y otros elementos para mejorar su calidad de vida.


El Gobierno del Estado, a través de la coordinación entre el SEDIF, la Secretaría de Salud, la Secretaría de las Mujeres y el Congreso del Estado, suma esfuerzos para fortalecer la prevención, detección oportuna y atención de la salud de las mujeres, con actividades que promueven el autocuidado, la empatía y la participación social.







El diputado Marcos Castro impulsará reforma para proteger a la niñez en entornos digitales.



El diputado y coordinador del GLPAN en el Congreso del Estado de Puebla, Marcos Castro, impulsará una iniciativa para reformar la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Puebla y la Ley de Educación del Estado de Puebla, con el propósito de fortalecer la protección de las y los menores frente a los riesgos del entorno digital.


El diputado panista, señaló que, el crecimiento del uso de internet y redes sociales ha propiciado que las niñas, niños y adolescentes estén expuestos al ciberacoso, hostigamiento, extorsión, contacto con desconocidos, violaciones a la intimidad y contenidos inapropiados. Además, se ha observado que el uso excesivo de estas plataformas puede afectar la salud mental, descanso, rendimiento escolar y convivencia familiar.


Ante esta realidad, resaltó que el Estado no puede ser omiso, por lo que, la protección del interés superior de la niñez exige reglas claras, prevención efectiva y responsabilidad compartida. 


Por lo que, esta iniciativa propone: 

  • Garantizar un acceso a internet en condiciones seguras. 
  • Establecer que las personas menores de edad utilicen redes sociales a partir de los 14 años con el consentimiento y supervisión de los padres de familia o tutores. 
  • Reconocer como datos personales sensibles la información utilizada para registrar a menores en plataformas digitales. 
  • Establecer obligaciones para que las empresas operadoras de redes sociales implementen mecanismos efectivos de protección y seguridad.
  • Regular el uso de teléfonos celulares y dispositivos electrónicos sin fines educativos en escuelas de educación básica durante horarios de clase.
  • Fortalecer la corresponsabilidad de madres, padres y tutores para evitar el ingreso y uso de dispositivos ajenos al aprendizaje. 


Esta propuesta busca garantizar que niñas, niños y adolescentes utilicen la tecnología de manera segura, responsable y adecuada para su desarrollo. La tecnología debe ser una herramienta para aprender y crecer, no una puerta abierta al riesgo.


El Confesionario - El fin de la escuela: ¿estamos educando o simplemente pasando de grado?




Por: Ray Zubiri

Hay películas que uno ve, comenta y olvida. Y hay otras que terminan cuando aparecen los créditos, pero comienzan realmente cuando uno sale de la sala. El fin de la escuela, documental dirigido por Carlos Armella, protagonizado por Ana Serradilla y creado y producido ejecutivamente por Juan Alfonso Mejía, pertenece a esta segunda categoría.

Porque aquí no estamos frente a una película que pretende decirnos simplemente que la escuela está mal. La pregunta es mucho más incómoda: ¿para qué queremos la escuela? Y esa pregunta, queridos lectores, no es exclusiva de maestros, directores o autoridades educativas. También es para nosotros como padres, madres, estudiantes y ciudadanos.

Juan Alfonso Mejía con quien tuve el gusto de platicar lo dice de manera contundente: “El fin de la escuela es aprender o de lo contrario será su fin.”

Y ahí empieza el problema.

Porque durante años hemos confundido aprender con pasar de año, aprender con sacar buenas calificaciones, aprender con llenar libretas, aprender con memorizar para un examen o aprender con obtener un certificado. Pero una boleta llena de dieces no necesariamente significa que un niño comprende lo que lee, sabe resolver un problema, puede distinguir información verdadera de falsa o tiene herramientas para enfrentar la vida.

La película nos obliga a detenernos frente a una realidad que muchas veces preferimos no mirar. Mientras los adultos discutimos planes de estudio, reformas, libros de texto, métodos y discursos, hay niños que avanzan de grado arrastrando enormes huecos de aprendizaje. Y esos huecos no desaparecen mágicamente. Se acumulan.

Mejía utiliza una imagen que me parece brutalmente precisa: “aprender creo que es rechazar tu presente como destino.”

¿Qué significa esto? Que enseñar a leer a un niño no es solamente enseñarle a juntar letras. Es darle acceso a otro mundo. Es permitirle comprender una noticia, cuestionar una mentira, conocer sus derechos, imaginar otra vida y descubrir que su código postal no tiene por qué convertirse en una sentencia.

Y aquí viene la parte que más duele: no todos los niños tienen las mismas oportunidades de llegar al final del camino educativo.

Mejía plantea en la conversación que la escuela puede ser, para muchos niños, “su único tren” y que si lo pierden quizá no exista otro que llegue después.

Por eso resulta demasiado cómodo pensar que mientras nuestros hijos estén bien, todo está bien. No.

Si un niño abandona la escuela porque nunca logró comprender lo que le estaban enseñando, el problema no terminó cuando dejó de asistir. El problema se trasladó a la sociedad. Porque ese niño será mañana un joven con menos posibilidades, un adulto con menos herramientas y, posiblemente, una persona que habrá aprendido desde muy temprano que el sistema no estaba diseñado para él.

Y entonces la pregunta deja de ser solamente educativa. Se convierte en una pregunta social.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando aceptamos que algunos aprendan y otros simplemente sobrevivan?

El documental también pone sobre la mesa algo que como padres debemos reconocer: muchas veces entregamos a la escuela responsabilidades que también nos corresponden. Queremos que nuestros hijos estén seguros, que aprendan, que sean disciplinados, que sepan convivir, que sean críticos y que tengan futuro, pero no siempre preguntamos qué podemos hacer nosotros para que eso ocurra.

Yo mismo, mientras veía El fin de la escuela, terminé haciéndome esa pregunta: ¿qué estoy haciendo yo?

Y creo que esa es una de las mayores virtudes de este proyecto: no permite que el espectador se esconda detrás de “la culpa es de la escuela”, “la culpa es del gobierno”, “la culpa es de los maestros” o “la culpa es de los padres”.

Mejía propone algo mucho más cercano y, al mismo tiempo, mucho más difícil: mirar la escuela que tenemos enfrente.

Lo dice así: “olvídense de las reformas educativas” y concentremos la atención en “esa escuela que tienen más cercana a su casa”, porque ahí comienza la transformación.

Esto es particularmente importante porque México no es un solo país educativo. No es lo mismo estudiar en una comunidad rural que en Puebla capital; no es lo mismo crecer en una zona con violencia que en una colonia con todos los servicios; no es lo mismo tener una madre o un padre que puede acompañar diariamente las tareas que crecer en una familia donde el adulto responsable tiene que salir a trabajar todo el día.

Por eso no podemos pretender que una misma receta funcione para todos.

La escuela tiene que recuperar algo que parece haberse perdido en el camino: el sentido de aprender.

Y aquí aparece otro enemigo silencioso: la obsesión por cumplir.

Cumplir con el programa. Cumplir con las tareas. Cumplir con las páginas. Cumplir con las calificaciones. Cumplir con el calendario.

¿Y si en medio de tanto cumplimiento dejamos de preguntarnos si nuestros niños están aprendiendo?

Porque podemos avanzar en el calendario escolar mientras un niño sigue sin comprender lo que lee.

Podemos enseñar fracciones mientras otro todavía no domina las operaciones básicas.

Podemos hablar de pensamiento crítico mientras castigamos cualquier pregunta que cuestione al adulto.

Podemos llenar salones de tecnología mientras el estudiante utiliza la herramienta para pensar menos.

Y aquí aparece también la discusión sobre los teléfonos celulares y la inteligencia artificial. El problema no es únicamente la tecnología. El verdadero desafío es decidir para qué la estamos utilizando. Una herramienta que debería ayudarnos a pensar no puede convertirse en una máquina para evitar pensar.

La escuela necesita volver a ser comunidad necesita recuperar la conversación cara a cara, la curiosidad, el error, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas. Necesita dejar de tenerle miedo al alumno que pregunta “¿por qué?”.

Porque quizá ese niño que pregunta demasiado no está interrumpiendo la clase. Quizá está aprendiendo.

Y aquí viene la parte esperanzadora de El fin de la escuela: la película no nos dice que todo está perdido. Al contrario. Nos dice que todavía podemos hacer algo.

No mañana.

Hoy.

Podemos comenzar preguntándole a nuestros hijos qué aprendieron y no solamente qué calificación obtuvieron.

Podemos leer con ellos.

Podemos preguntarles qué piensan de una noticia.

Podemos enseñarles a distinguir una mentira de un hecho.

Podemos permitirles equivocarse.

Podemos acercarnos a los maestros no únicamente cuando hay un problema, sino para preguntar qué podemos hacer juntos.

Podemos preguntarle a nuestra escuela qué necesita.

Podemos dejar de pensar únicamente en “mi hijo” y comenzar a pensar también en los demás niños.

Porque una comunidad educativa no puede construirse bajo la lógica de “mientras mi hijo esté bien, los demás no son asunto mío”.

El futuro de nuestros hijos también depende del futuro de los hijos de los demás.

Y quizá esa sea la conversación más importante que propone esta película.

Juan Alfonso Mejía lo resume en una frase que debería quedarse pegada en las paredes de nuestras escuelas: “no les dé miedo romper el molde”.

Yo agregaría algo desde este espacio: no tengamos miedo de volver a preguntar para qué estamos educando.

Porque si la respuesta es únicamente para aprobar exámenes, estamos llegando tarde.

Si es únicamente para obtener un título, también.

Si es únicamente para conseguir un empleo, la pregunta se queda corta.

La educación tiene que servir para que una persona pueda comprender el mundo, cuestionarlo, convivir con otros, resolver problemas, desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayores posibilidades.

Por eso El fin de la escuela no debería terminar en una sala de cine.

Debería llegar a las escuelas.

A las reuniones de padres.

A las universidades.

A las salas de maestros.

A las conversaciones familiares.

A las comunidades.

Y también a la radio.

Porque si algo he aprendido haciendo De Todo Un Poco es que educar y entretener no son enemigos. Que una conversación puede enseñar. Que una historia puede despertar curiosidad. Que una pregunta puede abrir una puerta.

 La escuela no está solamente dentro de cuatro paredes.

La escuela somos todos.

Y si queremos cambiarla, quizá el primer paso no sea esperar la próxima gran reforma educativa.

Quizá sea caminar hasta la escuela que está en la esquina de nuestra casa y preguntar, con absoluta honestidad:

¿Qué necesitan nuestros niños para aprender de verdad?

La respuesta puede ser incómoda.

Puede doler.

Puede obligarnos a cambiar.

Pero también puede abrir una posibilidad.

Porque mientras haya un niño que todavía pueda descubrir que leer le permite imaginar otro futuro, mientras exista un maestro dispuesto a romper el molde, mientras haya un padre dispuesto a involucrarse y mientras una comunidad decida que ningún niño debe quedarse atrás, la historia todavía no está escrita.

Y tal vez ese sea, precisamente, el verdadero comienzo de la escuela.

El fin de la escuela llega a los cines el 24 de septiembre de 2026.

La columna de esta semana ha terminado pueden ir en paz.

¡Escúchenme! de lunes a viernes en el programa donde hacemos entretenimiento educativo y siempre aprendemos algo nuevo De Todo Un Poco con seguro servidor de 10 a 11 de la mañana en Radio BUAP 96.9 FM.

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