Por: Pbro. Gustavo Herrera.
¿Hermano o amigo?
El otro día, platicando con un amigo, que fue mi compañero en el seminario menor, desde secundaria hasta cuarto de normal, me decía: “Tú no eres mi amigo, más bien, eres mi hermano”; a lo que contesté: “Para mí es más un amigo que un hermano, pues los hermanos no los escoges, en cambio, al amigo sí”.
El éxito de una amistad radica en la elección libre y consciente que haces hacia una persona con la que existe afinidad y te hace sentir cómodo y confortable en todo momento.
La base de toda amistad está en la empatía que debe haber entre aquellas personas que coinciden en determinado momento de la vida.
Pero atención, te recuerdo que coincidir con alguien no basta para hablar auténticamente de una amistad. Debe haber mucho diálogo para conocerse y ver si realmente puede uno compaginar con el otro.
La amistad es el espacio en donde puedo ser yo, sin ocultar nada.
La amistad debe fundamentarse en la sinceridad, honestidad y confianza, evitando las apariencias o máscaras que ponemos para caerles bien a los demás.
Cuando encuentras a la persona adecuada, te sientes bien con ella y, hasta con una mirada, puedes descubrir lo que existe dentro de su corazón.
Debido a lo anterior, estoy de acuerdo con aquel que ha dicho: “El que encuentra un amigo, encuentra un tesoro”.
Procura, en la vida, caminar de la mano con aquellas personas con las que tengas afinidad y confianza para ser auténticamente tú.
Cuida de tus amistades y procura ser un auténtico amigo para aquel que confía en ti.