martes, 12 de mayo de 2026

Tras décadas de rezago, inicia rehabilitación de drenaje y red de agua potable en calle Mujica y Osorio en Texmelucan




- Boletín Informativo 


Como parte de los trabajos en esta vialidad se realizará la pavimentación con concreto hidráulico mejorando condiciones de tránsito en la zona


El Gobierno Municipal de San Martín Texmelucan que preside Juan Manuel Alonso Ramírez, en coordinación con el Sistema Operador de Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de Texmelucan (SOSAPATEX), dio el banderazo de inicio a los trabajos de rehabilitación del drenaje sanitario y de la red de agua potable en la calle Mujica y Osorio, ubicada en la cabecera municipal.


Los trabajos contemplan la sustitución de 85 tomas de agua potable y la rehabilitación de 330 metros de drenaje sanitario, que permitirá captar 85 descargas domiciliarias. Asimismo, se llevará a cabo la pavimentación con concreto hidráulico de más de 1,965 metros cuadrados, beneficiando no solo a vecinos y comercios de la zona, sino también a miles de habitantes que transitan diariamente por esta importante vialidad.


El alcalde Juan Manuel Alonso destacó que, tras más de seis décadas de funcionamiento del drenaje sanitario, era prioritario atender esta necesidad para impulsar la transformación de la infraestructura mediante trabajos integrales que incluyan rehabilitación de drenaje, agua potable y pavimentación, mejorando así la movilidad y el flujo vehicular.


En el arranque de los trabajos de rehabilitación de la calle Mujica y Osorio se contó con la presencia de la presidenta del SMDIF, Karla González Martínez; de la Presidenta de CANIRAC Texmelucan, Laura Ramírez Nava; la síndica municipal, regidoras, regidores, secretarios y funcionarios municipales. 


Con estas acciones, el Gobierno Municipal de San Martín Texmelucan reafirma su compromiso de seguir impulsando obras que mejoren la calidad de vida de las familias texmeluquenses, fortaleciendo la infraestructura urbana y garantizando servicios básicos más eficientes y dignos para las futuras generaciones.












Construye Gobierno estatal 3.3 kilómetros del camino a las Loberas en Tecali




-  Más de mil 200 habitantes beneficiados de La Magdalena Cuaxixtla, Ahuatepec, Tecorral y Las Loberas.


- El gobierno que encabeza Alejandro Armenta Mier, impulsa el crecimiento económico local y fortalece la conectividad.


TECALI DE HERRERA, Pue. – Para impulsar el desarrollo social en el municipio, el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Infraestructura construye el camino de 3.3 kilómetros que conecta a las comunidades de La Magdalena Cuaxixtla, Ahuatepec, Tecorral y Las Loberas. Esta obra transforma la vida de las familias, ya que era un acceso de terracería y ahora es una vía de comunicación moderna.


La Secretaría de Infraestructura beneficia de manera directa a más de mil 200 habitantes que antes transitaban por un camino de tierra; ahora, las familias, productores del campo y artesanos del ónix y mármol contarán con traslados más seguros y eficientes.


Como parte de la estrategia del gobernador Alejandro Armenta Mier, para impulsar el desarrollo regional en las zonas con mayor rezago, se atiende este camino con los Módulos de Pavimentación, a fin de reducir el costo y garantizar que la calidad de los procesos sean los adecuados para la circulación de camiones de carga. 


Al respecto, las y los artesanos ven en esta obra la oportunidad para impulsar la comercialización de sus creaciones, fortalecer una ruta comercial para sus productos de manera ágil al reducir costos logísticos y evitar daños a las piezas de arte durante el traslado por los caminos.


Bajo la directriz de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el apoyo de Petróleos Mexicanos (PEMEX), esta obra cumple una demanda histórica para los habitantes de la zona y dignifica el acceso a servicios básicos para las familias de la región.











Entropía - El país ya no sabe qué hacer con sus hijos


Por: Alexis Manuel Da Costa

Estas dos semanas que estuve de vacaciones pensé varias veces justo en la propuesta de que hubieran más vacaciones y de que el ciclo escolar terminara desde principios de junio. Vi a mucha gente molestarse, discutir, burlarse, defender una postura u otra, y mientras leía todo eso hubo algo que no dejaba de hacerme ruido.

Tengo la impresión de que la discusión nunca fue realmente sobre educación.

Porque si uno observa con cuidado, gran parte de la preocupación no parecía centrarse en el aprendizaje, sino en algo mucho más cotidiano y al mismo tiempo más profundo: qué hacer con los hijos durante tantas semanas.

Y no lo digo desde el juicio. Lo digo desde la realidad.

México se convirtió en un país cansado.

Hay padres que salen de casa antes de amanecer y regresan cuando los hijos prácticamente ya terminaron el día. Jornadas laborales interminables, estrés económico, ciudades hostiles, traslados absurdos y cada vez menos vida comunitaria. En medio de todo eso, la escuela dejó de ser únicamente un espacio de formación académica. También se volvió una estructura de contención social.

La escuela educa, sí. Pero también organiza el tiempo de millones de familias que ya no tienen margen para reorganizar nada.

Quizá por eso el debate se volvió tan emocional.

Porque en el fondo muchas familias no estaban pensando en pedagogía, rendimiento o métodos de aprendizaje. Estaban pensando en supervivencia. En cómo acomodar horarios imposibles dentro de una vida que ya funciona al límite.

Y eso revela algo mucho más delicado que un calendario escolar.

Durante años fuimos construyendo una sociedad donde la infancia quedó subordinada al ritmo de productividad de los adultos. Poco a poco desaparecieron muchas cosas que antes sostenían la convivencia cotidiana: el barrio, la calle, los espacios públicos, la red familiar cercana, el tiempo compartido. Hoy millones de niños crecen entre pantallas, encierro, tráfico, ansiedad y adultos agotados.

Entonces la escuela comenzó a absorber tareas que antes pertenecían a otros espacios de la vida social.

No solo enseña matemáticas o historia. También acompaña emocionalmente, contiene, vigila, organiza hábitos y, en muchos casos, ofrece la única estructura estable que algunos niños encuentran en su día a día.

Eso explica por qué cualquier modificación al calendario escolar provoca tanta tensión.

Porque tocar la escuela ya no significa únicamente tocar la educación. Significa alterar el equilibrio precario sobre el que muchas familias sostienen su vida cotidiana.

Y mientras discutimos si son muchas o pocas vacaciones, quizá estamos dejando fuera la pregunta más importante de todas: en qué momento normalizamos una sociedad donde convivir más tiempo con los hijos puede sentirse como un problema logístico.

Ahí es donde el tema deja de ser educativo y se vuelve profundamente social.

Porque tal vez el verdadero síntoma no es el calendario. El síntoma es el agotamiento colectivo de un país que cada vez tiene menos tiempo para su propia vida.

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