El rezago educativo en Puebla aumentó en el informe oficial más reciente de la Secretaría de Bienestar y ya alcanza a un millón 493 mil 756 personas, equivalentes al 22.7 por ciento de la población estatal. La cifra aparece en el Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2026, publicado en el Diario Oficial de la Federación para el ejercicio fiscal de este año, y confirma que la entidad mantiene una carga negativa en el rubro de la enseñanza-aprendizaje mucho más alta que la media nacional.
En el mismo documento, el indicador nacional de rezago educativo se ubica en 10 millones 309 mil 182 personas, es decir, 14.1 por ciento de la población del país.
Traducido a términos absolutos, Puebla sumó 23 mil 430 personas más en esta condición frente al reporte anual previo. El Informe 2025 de la misma Secretaría de Bienestar colocaba el rezago educativo estatal en un millón 470 mil 326 personas; un año después, el dato subió a un millón 493 mil 756. El aumento equivale a 1.6 por ciento en términos anuales. Aunque no es un salto explosivo, sí rompe con la expectativa de mejora gradual en una carencia social que, por definición, debería reducirse con la expansión de la cobertura escolar y la permanencia en el sistema educativo.
El deterioro resulta más visible al observar la tendencia de mediano plazo. El Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2023 para Puebla reportaba un rezago educativo de 20.4 por ciento. En tres ejercicios anuales, la proporción escaló a 22.7 por ciento, un incremento de 2.3 puntos porcentuales. En otras palabras, la carencia no sólo no se abatió en los reportes más recientes: se ensanchó.
Hay, además, una advertencia metodológica importante en los propios informes de Bienestar: los datos mostrados sobre los componentes de las carencias sociales son una aproximación, “debido a que no se dispone de esta información en Coneval” para ese nivel de actualización anual. Es decir, la Secretaría no está publicando una nueva medición multidimensional de pobreza equivalente a la del Coneval, sino una estimación anual para fines de planeación territorial. Aun con esa salvedad, el cambio es relevante porque proviene de la misma serie institucional y, por tanto, permite comparar la trayectoria reciente bajo un mismo instrumento.
El tamaño del problema también se aprecia mejor cuando se contrasta con mediciones oficiales anteriores del Coneval. En su Informe de pobreza y evaluación 2020 para Puebla, el organismo documentó que en 2018 el rezago educativo alcanzaba a alrededor de 1 millón 241 mil 800 personas en la entidad. Ese mismo año, el porcentaje estatal estaba 2.5 puntos por encima del nacional; como el promedio del país era 16.9 por ciento, Puebla se ubicaba entonces en 19.4 por ciento. Comparado con ese punto de referencia, el dato de Bienestar para 2026 implica que hoy hay 251 mil 956 personas más en rezago educativo que las estimadas por Coneval para 2018, un crecimiento cercano a 20.3 por ciento en ocho años.
La fotografía reciente tampoco puede desligarse del comportamiento nacional. El Coneval reportó en su medición de pobreza 2022 que, en México, el porcentaje de población con rezago educativo pasó de 19.0 por ciento en 2018 a 19.4 por ciento en 2022, lo que significa que la carencia no sólo persiste, sino que repuntó a escala nacional.
En Puebla, sin embargo, el peso del problema es todavía mayor. Si el parámetro nacional del informe anual 2026 de Bienestar es 14.1 por ciento, el 22.7 por ciento estatal coloca a Puebla 8.6 puntos porcentuales por arriba del promedio del país. La brecha no es menor: muestra que la entidad arrastra un rezago educativo más profundo que el conjunto nacional.
Ese desajuste ayuda a entender por qué el rezago educativo aparece como una de las carencias sociales más resistentes.
La definición técnica usada por el Coneval considera en rezago a personas que, según su edad, no completaron la escolaridad obligatoria o no asisten a la escuela cuando deberían hacerlo. No se trata sólo de analfabetismo, sino de una acumulación de trayectorias truncas: primaria incompleta, secundaria no concluida, media superior interrumpida o abandono en edades en las que aún correspondería estar dentro del sistema. Por eso el aumento del indicador no necesariamente significa que en unos meses miles de poblanos “cayeron” en la carencia, sino que la estimación actual detecta un universo más amplio de población que sigue sin alcanzar el umbral educativo mínimo.
Otra pista relevante es que el propio Informe 2025 de Bienestar clasificó a Puebla con grado “alto” en rezago educativo y la colocó en el lugar 5 de 32 entre las entidades para ese rubro. Aun si el informe 2026 actualiza montos y porcentajes, la persistencia del problema sugiere que la entidad no ha logrado salir del grupo con mayores dificultades. Más aún, mientras otros indicadores sociales suelen moverse con mejoras parciales asociadas a transferencias, infraestructura o acceso a servicios, el rezago educativo depende de procesos más lentos: permanencia en las aulas, reincorporación de quienes abandonaron la escuela y educación para adultos.
El dato de 1.49 millones de personas en rezago educativo obliga también a mirar la dimensión territorial del problema. Puebla tiene una amplia población rural e indígena, así como municipios con alta dispersión, pobreza persistente y rezagos en infraestructura escolar.
En ese contexto, la educación básica incompleta no es sólo una carencia aislada: suele cruzarse con falta de ingresos, menor acceso a seguridad social, precariedad laboral y barreras geográficas para asistir a la escuela. De hecho, el Coneval ha insistido en que las carencias sociales deben entenderse como dimensiones articuladas del bienestar, no como compartimentos estancos.
La comparación anual muestra un dato político incómodo: mientras el informe oficial de Bienestar para 2026 confirma una mejoría en algunos componentes de la pobreza y el rezago social en distintas entidades, en Puebla el rezago educativo se mantiene como una alerta estructural. El incremento de 23 mil 430 personas en un solo año no es una oscilación irrelevante si se considera que se trata de la acumulación de personas que no han logrado completar la educación obligatoria. Y aunque los informes anuales son aproximaciones metodológicas y no sustituyen la medición bienal del Coneval, sí funcionan como una señal de advertencia para la planeación pública.
En términos llanos, la cifra significa que casi uno de cada cuatro poblanos vive en rezago educativo. No es una carencia marginal ni un problema encapsulado en unas cuantas regiones. Es una fractura amplia, con efectos sobre empleo, ingresos, movilidad social y desigualdad. Si la educación es la base del resto de los derechos sociales, el aumento del rezago en Puebla no debería leerse como una estadística más del informe anual, sino como un síntoma de que la entidad no está consiguiendo retener, reincorporar ni certificar a una porción demasiado grande de su población.
Con información de: La Jornada de Oriente
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